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Géneros informativos,
de lo seco a lo húmedo
Los géneros no existen. En cualquier sentido un género es una abstracción, una forma de clasificar. El periodista inventa los géneros para trabajar mejor. El sistema propuesto por el maestro es un mapa, una topografía y por tal razón es necesario recordar que los mapas nunca reproducen el territorio. Lo que se propone en
El Blanco Móvil es un sistema formal para trabajar e incluso para enseñar periodismo.
Las barreras entre los géneros no son precarias –como dice Daniel Samper– sino que son móviles. En este sistema de géneros, básicamente informativos, se proponen tres grandes géneros que se podrían caracterizar por los grados de interpretación que ellos implican.
El género seco es el punto cero de interpretación y no se firma nunca. Es el texto de la despersonalización máxima, cosa que es imposible puesto que siempre estamos interpretando. El periodista carece de toda propiedad sobre el texto y no ha tenido ninguna participación en la consecución de los datos. Se limita a trabajar con material de agencias o fuentes indirectas.
La crónica –valga la pena aclarar que no coincide con el término que se aplica en el periodismo de América Latina y particularmente en Colombia, pero es obvio que Bastenier lo utiliza en un sentido particular– implica un mayor grado de interpretación por parte del periodista. El periodista no puede estar en todas partes al mismo tiempo y, en consecuencia, acude a una multiplicidad de fuentes. En este caso predomina lo ajeno (información de agencias, noticias radiales, información de archivo, etc.) pero el periodista se apropia de este material y lo recicla.
Dentro de la crónica, encontramos un subgénero que es el análisis, definido como una crónica que no se centra en los acontecimientos del momento. Vuelve atrás para llegar a conclusiones (que no pueden ser favorables ni desfavorables, ni buenas ni malas). Es una teoría para contar lo que no se ve. El soporte informativo de un análisis es un párrafo a lo sumo que sirve para establecer un punto de vista y llegar a una conclusión técnica. Trata de explicar el revés de las cosas.
En la medida en que aumenten los análisis rigurosos formaremos una mejor opinión pública. Por lo regular, en la prensa latinoamericana los analistas satanizan y abundan en opiniones personales. La gran diferencia entre interpretar y opinar es que la interpretación es esclarecimiento en tanto que la opinión es preferencia. Sin embargo, es difícil llevar esta frase a la realidad.
El reportaje es el género mayor y debe firmarse. Es el periodista convertido en fuente quien además tiene propiedad sobre el material informativo. Se permite pasar de la interpretación al juicio pero no es recomendable.
Se podrían identificar dos tipos de reportajes: el reportaje de
escenarios, realizado in situ por el periodista; y el reportaje
virtual, donde el periodista reconstruye hechos y situaciones, incluso personajes, a partir de las declaraciones de múltiples fuentes directas. Este reportaje puede alcanzar el grado máximo de personalización.
En el sistema propuesto por Bastenier, La entrevista es un subgénero del reportaje. Es el género ficción por excelencia. Esto no quiere decir que sea falsa pero, en sentido estricto, lo que la gente habla no se entiende y lo que publicamos en realidad no se ha dicho nunca. El diálogo real con un personaje, la grabación misma, es impresentable. La entrevista está oculta dentro de los cuarenta minutos de conversación. La respuesta veraz se construye y está en el minuto 12 de la grabación, luego en el 25, y más tarde en el 39. Esta respuesta es un producto literario basado en la conversación.
Hay tres formas de entrevista:
Pregunta–respuesta, quizás la más ficticia de todas; Romanceada que consiste en un diálogo interruptus, si se permite el término, a veces interpretado y a veces con comillas; y
Temática, en la que a partir de un tema propuesto, el entrevistado ofrece respuestas. La más realista es la entrevista romanceada, muy usual en la prensa británica.
Según Bastenier, este sistema de clasificación de géneros periodísticos, que no pretende erigirse en único, permite identificar si no el género al menos una
línea melódica para que el periodista (y los estudiantes) trabajen de una manera más cómoda, y donde en última instancia puedan encontrar su propia voz. A juicio de algunos participantes, el concepto de línea melódica puede ser más funcional desde un punto de vista didáctico. Para otros talleristas, sin embargo, el sistema de Bastenier puede cerrar un poco las posibilidades de escritura.
Más allá de si este sistema es aplicable o no al periodismo colombiano (el término crónica, tal como lo presenta el maestro, es bastante problemático para los latinoamericanos y en especial para los colombianos) lo importante es instalar el debate sobre los
Géneros Periodísticos en las universidades y en las redacciones de los periódicos.
Ante la aparición en escena de la expresión Periodismo literario, se alertó a los periodistas y profesores sobre el peligro de que los estudiantes confundan esta técnica con la ausencia de rigor y la escasa búsqueda de información. "Entre más información se tenga se puede escribir mejor", anotó uno de los asistentes. Para el maestro Bastenier, el problema es que no se puede hablar de lo literario porque nadie sabe qué es lo literario. El periodismo debe ser bien escrito, bien investigado, y es difícil establecer si es literario o no.
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