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Foto: Pixabay.com/ Jusch - Compartida bajo licencia Creative Commons.

Estigmatización de la cultura musulmana en los medios

Consulta enviada por: Rafael Guerra. Periodista independiente en San José, Costa Rica

En una información de radio sobre el ataque terrorista a una mezquita en Egipto, el periodista hizo un ataque airado contra la fe musulmana como promotora de violencia. ¿Es ético ese proceder?

Respeuesta:

Errores como este suceden por la confluencia de factores como la información incompleta. Una investigación previa hubiera revelado que no es la misma la religiosidad de los agentes del Estado Islámico, que la de los sufíes atacados en la mezquita. El musulmán no es terrorista.

El otro factor es la proclividad del periodista a actuar como juez. El periodista es testigo y cronista, no juez.

Un tercer elemento es la falta de respeto por las creencias de las otras personas.

Sumados estos tres elementos resultan este y otros errores que ofenden o que desorientan y disminuyen gravemente la credibilidad de los periodistas.

Ante casos como este, relatados en radio o televisión, o descritos en medios escritos, se impone un proceso de documentación para tener a la mano los datos precisos indispensables. A diferencia del ciudadano común que presta atención al dato superficial y cree los que le dan sin fundamento, la palabra del periodista es documentada y reflexionada, porque una información así es la que la población reclama y merece.

Esa palabra precisa y serena es la que el periodista debe ofrecer. Entre la propaganda y las proclamas de los políticos, de los voceros religiosos o de los comerciantes, debe destacarse la serenidad y solidez de la información periodística porque ese es su talante profesional.

El equilibrio, la serenidad y la pasión por lo verdadero son los que le confieren el liderazgo y la dignidad propios de la profesión.

Documentación

En una cotidianidad tan rutinaria y anodina como a la que nos fuerza la equivalencia mercantil, lo que el suceso aporta es lo que tiene de aberrante y eso es lo que tiene de asombroso y apetecible.  En la medida en que es inexplicable y misterioso, el suceso nos arranca de la superficialidad plana de la racionalidad ambiente. Es como un agujero por el que conectar con otro mundo maravilloso, mundo de los enigmas. El suceso es el cuento maravilloso de nuestras industrializadas y democráticas sociedades. Mientras tanto lo que hacen la política de la información y los que al teorizan, siguen obsesionados con la objetividad, con la autenticidad, con la verdad. Como si el suceso fuera menos cierto que el acontecimiento… como si no fuera la massmediación la que los ha tornado inseparables. Reportajes, documentos, testimonios, fotos: la noticia se ha tornado más verdadera que la verdad misma, la imagen más real que lo real. Como en las leyendas. Solo que ahora lo maravilloso se ha secularizado. Se fue la religión, pero nos quedó el mito, la ciencia y la técnica convertidas en fuente inagotable de maravillas, de nuevas fantasías y de nuevos fantasmas.

Que se parecen mucho a los antiguos. La única diferencia de fondo es que hoy, más que soñar, lo que hacemos es consumir los sueños que nos fabrican los directores de ese inmenso show que se llama información. Porque no hay acontecimiento si no es dramatizado en una escena pública. En un mundo cada vez más agrio y serio es quizás la única fiesta permitida, la fiesta de la masa, tan llena de ilusión como de frustración, tan programada y artificial como el resto de la vida consumida.

Respondido por: Javier Darío Restrepo

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