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Foto: Pixabay.com

¿Cómo tratar desde la ética las alusiones personales ofensivas durante una entrevista de radio?

Consulta enviada por: Román Elías Forero, Colombia

La disputa apasionada, con alusiones personales ofensivas al interlocutor en una entrevista de radio, ¿encajan en las normas para el tratamiento debido a un entrevistado? El caso se presentó en un sintonizado programa informativo y ha sido tema de discusión. ¿Desde la ética cómo se ven esos agarrones al aire?

R.- Desde la ética se ve tan reprochable y más una riña callejera con insultos y golpes de lado y lado.
Pero la riña es explicable: el acaloramiento, el ambiente, el azuzamiento por parte de los testigos presenciales y demás circunstancias que vuelven emocional y alejado de lo racional un incidente.
En cambio, la disputa al aire, en un sintonizado medio de comunicación, es inexplicable y, además, es escandalosa.
Contradice la naturaleza del ejercicio periodístico, anula la credibilidad del periodista y la del medio, y adquiere el carácter de una agresión.
En efecto, el entrevistado es un colaborador que ofrece su información y su opinión (otra manera de informar) y, además, es un invitado. Las dos condiciones lo vuelven intocable.
Es una norma no escrita, pero consagradas por las costumbres que, por serlo, el huésped tiene algo de sagrado y se convierte en un protegido de quien lo recibe en casa. El medio de comunicación se convierte en la casa de los entrevistados, que pueden tener puntos de vista diferentes o aún contrarios, sin que puedan ser ofendidos o molestados por esa razón.
Hay que agregar otro argumento: en el medio informativo predomina la razón por sobre cualquier asomo emocional; solo esa luz fría de la razón puede iluminar más allá de lo que muestran los sentidos; por tanto, en ese ejercicio del pensamiento que analiza, la llamarada de lo emocional aparece como un elemento ajeno.
Puesto que se trata de un ejercicio de la inteligencia, el periodista está predispuesto al respeto y al análisis sereno de los puntos de vista ajenos y en actitud de reconocer que su propio punto de vista no necesariamente es el correcto, ni el predominante y que se sirve a los oyentes presentando como opciones para que él escoja, las distintas opiniones junto con los elementos que le sirvan de ayuda en el momento de hacerse su propio opinión.
Contradice toda esa posibilidad informativa el periodista sabelotodo, dogmático, impositivo y, sobre todo, el fanático de una causa, de un partido, de un credo. O de un gobierno.
Documentación
Como ha quedado claro la relación con la fuente es uno de los aspectos más complejos de la labor periodística y la que genera mayores dilemas éticos. De tanto consultar a una fuente se va creando un contrato implícito o explícito con ella. Los más perjudiciales son los que restringen el derecho a la información de los ciudadanos.
Hay otros pactos que es lícito hacer con la fuente. Lo importante es que sean explícitos y claros desde un principio.
Algunos de estos son: el uso que se le dará la información que aporte la fuente.
On the record, o para citar.
Off the record o bajo cuerda.
Para contexto.
Para no usar.
Retrasar la publicación a cambio de más información.
Leer la historia antes de publicarla
Otros consejos:
Hay que tratar bien a las fuentes. Traicionar su confianza de nefasto para la credibilidad del periodista. Está mal engañar a las fuentes sobre el ángulo que tendrá la historia, sobre el uso que se le dará a su información o sobre el significado real de la noticia.
Es clave hacerle sentir a la fuente que el periodista también está interesado en ella como persona. Es un asunto de mera decencia.
Es mejor hacer amigos antes de necesitarlos. Cultivar a las fuentes cuando no está ocurriendo nada es útil para cuando suceden las cosas. La gente confía más en un periodista que ya conoce.
Juanita León, La relación entre periodistas y fuentes. Proyecto Antonio Nariño. Bogotá, 2005. P 18, 19

Respondido por: Javier Darío Restrepo

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