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8 de febrero de 2012
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Autobiografía de Matías Costa

Como muchos argentinos de mi generación, nací allí para irme. En mayo de 1976, coincidiendo con mi tercer cumpleaños, militares armados irrumpen en nuestra casa y secuestran a mis padres. Sin embargo, tuvieron suerte y, en lugar de morir, pasaron un año en prisión. Después vino el exilio en España. Mi infancia no fue demasiado feliz. Encontré en el arte, especialmente en la literatura y el cine, una tabla de salvación que me sigue acompañando hasta hoy.

Obtengo la licenciatura en Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid, al tiempo que comienzo a trabajar como fotógrafo. Desde 1991 trabajé para distintos medios españoles, comenzando en 1993 mi colaboración con el diario El País y, posteriormente, El Mundo, hasta que en 1997 recibo la beca del Colegio de España en París y me traslado a la capital francesa para desarrollar un proyecto fotográfico vinculado a la generación de jóvenes hijos de inmigrantes que viven en el extrarradio de la capital francesa. Comienzo entonces a trabajar para la Agence VU en París.

A partir de entonces, todos mis trabajos están ligados, de una u otra manera, a los temas de inmigración, identidad y memoria. De vuelta en España recibo el segundo premio de Fotografía Caja Madrid en 1998, y ese mismo año resulto ganador de la primera edición de Descubrimientos del festival Photoespaña. Realizo mi primera exposición individual en la Galería EFTI de Madrid, con mi trabajo Hijos del Vertedero, sobre unos niños que viven junto al mayor vertedero de basuras de la ciudad. Publico ese año en Stern, París Match y La Repubblica.

En 1999 me selecciona la Fundación World Press Photo para asistir al prestigioso Joop Swart Masterclass en Rótterdam, Holanda. El planteamiento es que un comité de selección internacional elije a 12 jóvenes valores del fotoperiodismo en todo el mundo para pasar una semana recibiendo clases de 12 personas relevantes del mundo editorial internacional. Ese mismo año comienzo mi trabajo sobre la inmigración en Europa, titulado Extraños. El Festival Visa Pour L´Image de Perpignan, Francia así como el festival Photoespaña en Madrid, acogen mi exposición Hijos del Vertedero.

En el año 2000, Unicef me otorga su primer premio de fotografía y el festival suizo Images me concede el primer premio Leica Camera. Ese mismo año obtengo también los premios Yann Greffoy, en Italia y Caja España de Fotografía en España. Recibo asimismo una beca de la Fondation Hachette en Francia para continuar Extraños, mi trabajo sobre la inmigración en las puertas de Europa, que al año siguiente será galardonado con el premio World Press Photo. París Match me encarga un reportaje sobre la inmigración en la frontera del Canal de la Mancha, entre Francia e Inglaterra.

En 2001 la Fotobienale de Moscú acoge mi exposición Hijos del Vertedero. Y la Agencia Panos Pictures comienza a distribuir mi trabajo en Inglaterra y parte de Europa. Recibo encargos editoriales de Marie Claire Russia, Geo Alemania y colaboro habitualmente con medios españoles como El Semanal, El País, El Mundo, Matador.

En 2003 vuelvo a recibir el premio World Press Photo y también una beca de la Fundación La Caixa para concluir Extraños, que se expone por primera vez en el Museo Jardín Borda de Cuernavaca, México. Ese mismo año recibo un encargo del Centro de Arte Contemporáneo La Casa Encendida de Madrid para desarrollar un proyecto sobre la inmigración llamado Nuevas Cartografías de Madrid. Este mismo año firmo un contrato de colaboración con el diario norteamericano The New York Times, donde colaboro mensualmente hasta la actualidad.

En 2004 la Fondation Hachette me invita a participar en un proyecto sobre la incorporación a la Unión Europea de 10 nuevos países y la casa Leica selecciona parte de mi trabajo para una exposición colectiva que, con motivo de los 50 años de la marca, recorre sus galerías en Solms, Nueva York, Tokio, Frankfurt, Viena y Sao Paulo.

En 2005, mi exposición Extraños se muestra en el Sorlandets Museum de Kristiansand. Noruega. Y La Casa Encendida me encarga otro proyecto sobre los espacios marginales invisibles de Madrid, titulado Cuartos Mundos. Ese mismo año fundo, junto a otros 13 fotógrafos, el colectivo de fotografía contemporánea NOPHOTO, que recibe en 2006 los premios Arco (Feria de Arte Contemporáneo) y Revelación PhotoEspaña

En 2006 Extraños se exhibe en el Centro de la Imagen de México D.F. Recibo encargos editoriales de Le Monde, VSD, Focus, El País Semanal y Geo Japón. En 2007 desarrollo junto a NOPHOTO un proyecto expositivo y editorial en el nuevo espacio artístico Matadero de Madrid. Ese mismo año soy invitado por la Comunidad de Madrid para formar parte del proyecto 6 Visiones Fotográficas sobre la Inmigración, que se exhibirá en el canal de Isabel II y cuya publicación recibe la Mención de Honor del premio Photoespaña al mejor libro de fotografía del año. 

Por otro lado, mi trabajo realizado en Pekín bajo el título Cuando Todos Seamos Ricos, forma parte de la exposición 5 miradas Europeas, en el Instituto Cervantes de Madrid, dentro de PhotoEspaña 07. En 2008 el Instituto Cervantes de Milán acoge la exposición individual Cuando Todos Seamos Ricos. También expongo junto a NOPHOTO en la Galería K de Lisboa, Portugal y en el Hubei Museum of Art, de Wuhan, China. Algunas imágenes de Extraños forman parte de la exposición colectiva Laberinto de Miradas, que se expone en 12 países Latinoamericanos.

En 2009 concluyo una serie sobre el paisaje ligado a mi recorrido vital bajo el título Fragmentos de un Decorado, que se expone en la galería Marita Segovia de Madrid, dentro del festival Off de PhotoEspaña 09, La serie Extraños asimismo se exhibe en la sede de Krea en Vitoria, en el festival Periscopio. Este mismo año recibo la beca Generaciones de Caja Madrid, para comenzar mi proyecto más personal: una reconstrucción de la historia de mi familia en los últimos cien años; una historia de migraciones, identidad y memoria, marcada profundamente por la huida constante y el desafecto. Mi obra forma parte de las colecciones del Museo de la Fotografía de Moscú, Comunidad de Madrid, Ministerio de Cultura español y colecciones privadas.

En la actualidad soy colaborador de The New York Times y publico habitualmente en Le Monde, La Repubblica, Yo Dona, El País, Stern y otros medios internacionales. También imparto talleres y charlas sobre fotografía en Universidades y centros de fotografía. Mi principal interés como fotógrafo es seguir haciéndome preguntas sobre las cosas que me ha tocado vivir. No manejo demasiadas certezas, me gusta pensar que la obra, del género que sea, dice más sobre nosotros de lo que nosotros mismos sabemos.

Realización del trabajo

Tras la desaparición de la Unión Soviética, su enorme flota pesquera –barcos y tripulación- quedó abandonada en distintos puertos del planeta. La mayor concentración de hombres y naves tuvo lugar en Las Palmas de Gran Canaria, España.

Los capataces de estos barcos se desentendieron de la nave y sus hombres después de meses de navegación, dejando una enorme deuda por pagar a la tripulación, además de los costes de reparación y alojamiento del barco en puerto. Un marinero que abandona su puesto pierde el derecho a reclamar su paga, por lo que estos hombres permanecen en el barco en espera de una solución que nunca llega. 

Oficialmente no están en suelo europeo, ni pueden acogerse a las leyes de asilo y protección vigentes. Han hecho del barco su hogar; un hogar que se hunde con sus habitantes dentro. El óxido se come la estructura y, en ocasiones, los marineros arrancan pedazos de la nave para venderlos como chatarra, como si devoraran su propio cuerpo. 

Algunos tripulantes han decidido volver a Ucrania en autobús desde la península, otros, los más veteranos, llevan más de 8 años aquí. Viven en un limbo, casi invisibles, a pocos metros de la tierra; si abandonan el barco lo pierden todo.

Me interesaba profundizar en este tema por su especial significado en el contexto de los movimientos migratorios globales. Llevo más de diez años trabajando en temas de inmigración y en este caso percibí muy claramente la invisibilidad a la que estaban sometidos los protagonistas de esta historia. Me pareció que refleja muy bien la evolución que en los medios de comunicación ha tenido la temática migratoria, hacia una estandarización del problema que lo convierte en secundario. 

Quise alejarme de estadísticas y fijarme en historias épicas, como lo eran los movimientos migratorios hace cien años, de los que procede mi familia. Como descendiente de ucranianos, me identifiqué de un modo inmediato con algunos de los sentimientos que percibí en los barcos, y con detalles como la música, la melancolía y la forma de mirarse a los ojos.

Encontré en esta historia una alegoría acerca de la manera en que desapareció la Unión Soviética. Estos marineros se encontraban navegando en medio del océano cuando recibieron la noticia de que su país, sus 80 años de historia habían desaparecido. Ya no tenían un lugar al que volver. Muchas de las nuevas pequeñas repúblicas ex soviéticas carecían de identidad propia y de un núcleo aglutinador al que estaban acostumbrados. Algo parecido percibí en los marineros. De algún modo están aún desorientados en este nuevo mundo salvaje al que cayeron de golpe.

La vida anclada en un puerto es un mundo difícil de describir. Marineros en tierra, pero sin pisar la tierra. El microclima que se crea es ajeno a todo tiempo y a todo lugar. Y finalmente, la historia de estos marineros es universal, porque habla de un naufragio global, de un limbo existencial en el que estamos todos en este principio de milenio donde todo cambia cada día.

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