Juan Pablo Figueroa. Periodista y Licenciado en Comunicación Social de la Universidad Diego Portales (UDP). He colaborado en las revistas The Clinic, Qué Pasa y Viajes La Tercera. También he participado en talleres de periodismo literario con Julio Villanueva Chang (ex director de Etiqueta Negra) y Martín Caparrós (periodista y escritor argentino) y de periodismo digital, en el Centro de Periodismo Digital de la Universidad de Guadalajara, coordinado por el periodista norteamericano James Breiner.
Actualmente hago ayudantías de técnicas narrativas e introducción a los medios en la UDP y trabajo en el Centro de Investigación e Información Periodística CIPER. Además, fui finalista en la versión 2008 del Premio Periodismo de Excelencia de la Universidad Alberto Hurtado. Soy autor del libro El Último Ramal, editado por la Universidad de Talca (2009).
El trabajo que presento es una serie de reportajes de investigación publicada en CIPER en noviembre de 2008. "Muertos de nadie" es su título. El proceso de reporteo duró alrededor de cuatro meses, durante los cuales revisé informes policiales, judiciales, forenses y comerciales de algunos cadáveres que habían pasado más de un año abandonados en el Servicio Médico Legal (SML) y que, a pesar de estar identificados, no fueron reclamados. La idea era no sólo seguirles los pasos a esas personas, sino también dimensionar cuántos individuos pasan por el proceso y cuál es ese proceso. Pero el camino me llevó a varias sorpresas.
La primera: el SML no contaba con un registro nacional de cuerpos sin reclamar. La segunda: ninguna de las instituciones vinculadas al proceso -SML, fiscalías y Policía de Investigaciones- asumía la responsabilidad de notificar a los familiares de los cadáveres. La tercera: uno de los muertos registraba actividad comercial después de la fecha de su deceso. El desafío entonces, pasó a ser la investigación a fondo de esas irregularidades. Eso me llevó a tener que informarles a las familias de la muertes de sus seres queridos, a denunciar la inexistencia de leyes o protocolos que regulen el proceso, a definir quiénes eran las personas que habían quedado abandonadas y qué había pasado con aquel que aparecía endeudándose incluso después de muerto.
Para la realización del reporteo, conté con la ayuda de Jorge Sullivan Orellana, quien es coautor de la segunda entrega de la serie. Jorge es Periodista de la UNIACC. Desde 2008 que se desempeña como webmaster e investigador de CIPER. Todo ese trabajo queda plasmado en "Muertos de nadie", donde se cuenta la historia y los procesos por los que pasan los cadáveres que nadie reclama.
Más sobre la realización del trabajo
El 10 abril de 2008 apareció en El Mercurio una nota sobre un entierro múltiple en el Cementerio General de Santiago. Trece cuerpos -12 identificados y un N.N.– habían salido desde el Servicio Médico Legal (SML) y sido inhumados después de pasar casi un año refrigerados. Ninguno fue reclamado. Entonces me surgió la duda: qué ocurre con los cuerpos cuando entran al SML, por qué nadie los reclama, quiénes son ellos, que mueren en la más completa soledad. Al principio, el tema pretendía sólo explicar el proceso por el que pasan los cuerpos abandonados, pero en el camino se abrieron más aristas.
Durante la investigación me pude percatar de que las investigaciones de sus casos sólo se realizaban cuando en sus muertes había delito –lo que ocurre la minoría de las veces– y que ninguno fue reclamado porque sus familias y cercanos nunca se enteraron de sus decesos. Además, me encontré con el caso de un cadáver que registraba transacciones económicas incluso después de muerto. Ahí enfocamos nuevamente la investigación. La idea ya no era sólo determinar lo anterior, sino también de quién era la responsabilidad de ubicar a las familias, por qué un muerto parece estar vivo con documentos oficiales; en definitiva, determinar las fallas en el sistema ante los muertos que nadie reclama. Para ello había que reconstruir sus historias.
A través del cruce de información de las investigaciones en las fiscalías, en el SML, registros de defunción y otras bases de datos como registros en Servicio de Impuestos Internos e informes comerciales, pude ubicar a personas que conocieron a los fallecidos y así, articular sus historias. Para ello, tuve que enfrentarme a dos madres que no sabían de sus hijos desde hace años. También a una novia que le había perdido el rastro después de nacer su hija. Ninguna sabía de sus muertes. Mi tarea fue contarles los detalles.
En esa etapa, logré determinar que el muerto que presentaba actividad había sido suplantado para realizar estafas a bancos y casas comerciales. La investigación de su caso no sólo me llevó a armar su historia, sino que a seguir las pistas hasta identificar al suplantador. Después de la publicación, se inició una investigación judicial que aún está en curso.
Los logros del trabajo se manifestaron en distintas áreas. El SML comenzó a recopilar la información nacional y a crear una base de datos sobre los muertos no reclamados en sus dependencias (no existía hasta que pedí los datos). Se inició el debate en cuanto al protocolo de acciones que deben tomar las instituciones involucradas en el proceso para ubicar a familiares. Después de la publicación, el noticiero de TV Teletrece hizo un reportaje a partir de la publicación de CIPER y la investigación fue incluida en el banco de investigaciones periodísticas latinoamericanas de IPYS. Pero lo más importante, sus tumbas, antes abandonadas, comenzaron a ser visitadas y adornadas con flores y fotos.