La importancia de cubrir historias nacionales de salud
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La importancia de cubrir historias nacionales de salud

Cientos de propuestas para la salud generan científicos colombianos, advierte la periodista de ciencia Lisbeth Fog.
Fotografía: felixioncool en Pixabay | Usada bajo licencia Creative Commons
Lisbeth Fog Corradine

 

Yo propongo que reduzcamos el espacio de los medios de comunicación que informa sobre resultados de estudios en salud realizados por universidades extranjeras y fortalezcamos los vínculos con las universidades y centros de investigación nacionales para conocer –y dar a conocer– las investigaciones que adelanta la comunidad científica colombiana, que por cierto trabaja en temas mucho más cercanos a nuestra realidad.

Lo digo porque son muchos los trabajos que ofrecen propuestas para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos colombianos, o que si se tuvieran en cuenta podrían generar acertadas políticas públicas por el bienestar del país, incluso de sus finanzas, y los medios de comunicación son un excelente canal para visibilizar esas historias.

De acuerdo con recientes estadísticas del Observatorio Nacional de Ciencia y Tecnología, OCyT, el 17% de los grupos de investigación del país trabaja en temas correspondientes a ciencias médicas y de la salud. Una cifra similar –el 16%- de los científicos colombianos adelanta investigación en este campo. Esos 2.093 investigadores buscan publicar sus resultados en revistas científicas, como lo exige la dinámica de circulación de la ciencia a nivel mundial, y poco tiempo les queda para contar sus hallazgos a audiencias diferentes a sus colegas. Pero tampoco los periodistas estamos golpeando las puertas de sus laboratorios permanentemente para que nos cuenten sus resultados.

El otro factor que va en contra de esta práctica que estoy proponiendo es que claro, es más fácil y menos costoso recibir información en la pantalla del computador y transcribirla, que tomarse el tiempo para buscar a los investigadores, leer sus papers para luego visitarlos, entrevistarlos, comprender el estudio, consultar fuentes externas, y sentarse a producir una nota periodística, entregarla al editor, pulirla y luego publicarla. El periodista dedicó ‘demasiado’ tiempo en esta labor y lo que se le exige es que produzca noticias para el medio original y para sus redes. No da abasto. El periodismo científico en salud exige dedicación, tiempo suficiente para investigar, obsesión por comprender la metodología utilizada en el estudio, la importancia de los resultados y el impacto posible en sus audiencias.

Así que lo ideal sería no hablar tanto sobre el estrés en los estadounidenses, sino averiguar con el grupo de neurociencias de la Universidad de Antioquia lo que ocurre con la población colombiana; preferir hablar de la patente concedida a la Universidad de los Andes por la fórmula de virus capaces de atacar bacterias como la salmonela, en lugar de dedicar espacio a estudios realizados en el norte de Estados Unidos sobre el uso de bacteriófagos para eliminar bacterias que causan enfermedades en el intestino; o resaltar los estudios de obesidad en los niños colombianos realizados en diferentes universidades del país, en lugar de informar sobre el cambio en el tono de voz de las mujeres europeas cuando se convierten en madres; o conocer los beneficios de la e-salud para mejorar la atención de los pacientes de acuerdo con investigadores javerianos. No digo que dejemos de informar sobre lo que sucede en otras latitudes. Lo que propongo es que descubramos y contemos lo que nuestros investigadores descubren.

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