Cómo informar desde un país autoritario
5 de Diciembre de 2017

Cómo informar desde un país autoritario

Desde Caracas, la periodista española Alicia Hernández, finalista del Premio Gabo 2016, reflexiona en su primera entrada para el blog de la Red Ética sobre cómo lograr hacer buen periodismo en un país con una situación como la que vive Venezuela actualmente.
Elecciones en Venezuela 2013 | Fotografía: Joka Madruga en Flickr. Usada bajo licencia Creative Commons
Alicia Hernández

Imaginen a un equilibrista. Sobre la cuerda floja, mirando a todos los lados pero con los ojos puestos al frente, flexible, grácil, firme en cada paso, aunque midiendo cada zancada, con máxima concentración, con absoluto cuidado: así es hacer periodismo en Venezuela.

Al ejercicio circense se le añaden, además, muchos obstáculos que habrá que salvar hasta lograr escribir una nota decente.

Uno de ellos es conseguir una declaración oficial de organismos o cargos públicos. No suelen darlas. Ni siquiera en cargos con un peso menor. Para resolver esto, lo primero es no desistir. Hay que intentar una y otra vez con las fuentes que se pueda hasta conseguir declaración. Algunas veces se conseguirá off the récord. Otras no contestarán, y esto es algo de lo que hay que dejar constancia en la nota, que se contactó con Fulanito de tal pero no quiso responder o, directamente, no atendió.

Muchas veces, las declaraciones deberán tomarse de los canales oficiales. En el caso que nos ocupa, a través de Venezolana de Televisión, el canal del Estado. Al periodista le toca estar atento a la pantalla y ver, en lo que dure la alocución si hay alguna declaración importante. Esto puede durar una, dos, tres horas. A la hora de escribir, tocará citar la fuente que, aquí, es prácticamente el único espacio donde poder conseguir una declaración del presidente Nicolás Maduro.

Cifras inexistentes

Lo que supone un auténtico truco de malabarismos es poner un dato. No hay datos oficiales recientes de prácticamente nada. El Gobierno y los organismos competentes no los dan. Pongamos de ejemplo uno clave para Venezuela: la inflación.

Desde diciembre de 2015, el Banco Central de Venezuela (BCV) no da esta cifra. La Asamblea Nacional (AN) da una, pero es de mayoría opositora, así que se podría pensar que el dato es tendencioso. Aun así, tomamos el dato. A la vez, buscamos qué cifra ofrecen organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI) o alguna consultora confiable.

El párrafo en que expliquemos la inflación de Venezuela tendrá todo lo anterior: que el BCV no da cifras, la cifra de la AN y la del FMI o la consultora elegida. Pero nada mejor que tomar las cifras “a pie de calle”. Así, por ejemplo, pondremos lo que costaba un cartón de huevos hace un mes y lo que cuesta hoy. En mi caso llevo la cuenta de lo que ha variado el pasaje de bus urbano desde 2010 hasta hoy, que además de reflejar la inflación, muestra cómo se ha acentuado en los últimos meses.

Y así, con los datos de homicidios, de escasez, de desnutrición. De todo lo que está pasando pero de lo que no hay cuantía exacta, oficial, a la que poner como una red bajo la cuerda del equilibrista.

Obstáculos informativos

Si el fenómeno de las “fake news” hace estragos en el mundo, en países autoritarios, más. Porque se trata de controlar la información, los canales tradicionales se ocupan por sectores afines al poder (cuando no del mismo poder), y la prensa libre queda relegada a los espacios digitales, caldo de cultivo de rumores y, además, con poca penetración en la población del interior del país.

En mayo, en mitad de las protestas que dejaron un saldo de más de 120 muertos en todo el país, empezó a extenderse el rumor de una masacre en Socopó, una población en el estado Barinas. Distintas personalidades –que no estaban en la zona–, alertaron sobre el hecho. Las informaciones eran muy confusas. Lo mejor que se puede hacer aquí es buscar a alguien de la zona con quien confirmar y, en caso de que no se pueda –algo muy factible en zonas rurales–, esperar. Es muy tentador querer informar rápido en estos tiempos digitales pero, parafraseando a García Márquez, la mejor noticia no es siempre la que se da primero. La matanza (afortunadamente) nunca sucedió.

Esto es solo una pequeña muestra de a qué se enfrentan los periodistas que informan desde países autoritarios. A ellos se unen otros obstáculos que incluso se tornan físicos. Agresiones, amenazas directas, indirectas, demandas, amenazas hechas por voceros del Gobierno en el canal del Estado, señalamiento de periodistas o de medios. Cierres de medios, despidos. Daría para otra columna completa.

A la situación “profesión” se le añade la “experiencia país”, donde toca mover cielo y tierra para, según la época, conseguir papel higiénico, carne, pollo, huevos o leche. Sin contar con los medicamentos.

Después de todo eso, llega el momento de ponerse frente al teclado. Toca respirar profundo una, dos, diez veces. Dejar a un lado mucho de lo que se siente y recordar que, si bien no somos objetos para ser objetivos, sí debemos ser honestamente subjetivos. Para hacer bien el ejercicio de pasar por la cuerda y no hacer un movimiento en falso que nos lance al vacío.

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