Lo que debe cambiar en los consejos de redacción del futuro
20 de Febrero de 2018

Lo que debe cambiar en los consejos de redacción del futuro

Pensar menos en contenido exitoso y más en aquel que le sirva a la gente.
Fotografía: Startup Stock Photos en Pixabay | Usada bajo licencia Creative Commons
Red Ética

Los consejos de redacción o juntas editoriales son la piedra angular en el día de un periodista. Es en esta reunión donde se definen los temas a investigar, los enfoques con que se abordarán las historias y las fuentes a consultar.

Pero hay algo que estamos haciendo mal los periodistas, en especial desde el surgimiento de las redes sociales y herramientas de medición de audiencias digitales como Google Analytics: dejamos que sean las tendencias y las cifras de tráfico las que establezcan qué es lo importante en la agenda periodística.

Esto debe cambiar, pues al guiarnos solo por el contenido más popular, terminamos inevitablemente sacrificando la calidad por el tráfico. “La audiencia nos enseña. Claro que sí. Nos enseña a ser mejores periodistas, a pensar en el tráfico sí, pero sobre todo en la calidad del contenido”, reflexionaba al respecto nuestra bloguera Esther Vargas.

A propósito de esta situación, queremos destacar las ocho propuestas elaboradas por Jennifer Brandel y Mónica Guzmán publicadas en el marco de las predicciones periodísticas que recopila Nieman Lab anualmente.

"Nuestro éxito dependerá de que nos volvamos esenciales para aquellos a quienes queremos servir. Lo sabremos si el público se siente interesado en nuestro trabajo al aportar sus ideas y preguntas", sostienen las autoras del texto.

Cambiemos la mentalidad

En la reunión editorial de hoy en día, organizamos todo alrededor de cómo “alimentar a las bestias”. Producimos una historia y luego nos centramos en cómo distribuirla a través de diferentes plataformas: en internet, en vivo, en redes sociales, en dispositivos móviles, en relojes inteligentes, y así sucesivamente.

En el futuro deberíamos organizar la reunión editorial sobre esta importante pregunta: "¿Cómo podemos ayudar a que el público entienda mejor lo que sucede hoy?" No comenzaremos con nuestras ideas, comenzaremos con las lagunas de información que el público demuestra tener, y enfocaremos nuestros esfuerzos directamente en llenar esos vacíos.

De dónde vendrán las ideas para una historia

Hoy en día, cuando nos quedamos sin ideas personales para las historias, nos inspiramos obsesionándonos con lo que informa la competencia, lo que sea que esté siendo tendencia en Internet, o lo que las agencias de relaciones públicas y oficinas de comunicaciones nos envíen.

En el futuro, lo que cubriremos será moldeado directamente por nuestras comunidades. Será parte de nuestra rutina preguntarle al público directamente: "¿Qué es lo que no sabes sobre______? ¿Qué te gustaría que investiguemos?" Y aprenderemos que el público no pide videos de mascotas cuando se les invita a dar forma a la cobertura. Los reconoceremos como personas perspicaces y curiosas, cuyas preguntas resultan en historias originales, inteligentes, que terminan en noticias de interés general y con el potencial de ganar premios prestigiosos.

Cómo decidiremos qué se cubre

Actualmente, decidimos qué se cubre asumiendo que, debido a que somos profesionales, sabemos exactamente qué informar (de acuerdo a nuestro “buen juicio editorial”). Pero la verdad es que los datos muestran que los periodistas solemos tener poco en común con muchas de las personas que a las que nos dirigimos y a quienes pretendemos servir.

En el futuro, estaremos en constante conversación con el público para saber qué información necesitan. Los invitaremos a enviar preguntas sobre las últimas noticias, visitaremos los espacios donde las comunidades se reúnen y solo observaremos y escucharemos (¡sin tomar notas!). Será natural que los periodistas cuenten historias conociendo el nombre y el rostro de la persona que sacó a relucir un tema curioso.

Cómo desplegaremos los recursos

Actualmente trabajamos en una historia durante meses, manteniendo nuestro progreso oculto para que nadie se robe nuestras increíbles ideas. Es un proceso agotador. Pero, ¿tenemos que hacerlo? En el consejo editorial del futuro preguntaremos "¿quién, afuera de la sala de redacción, puede ayudarnos con esta historia?" Incluso antes de comenzar a informar.

Cuando la Radio Pública de Vermont quiso abordar el problema de los graneros que se estaban cayendo a pedazos, invitaron a su audiencia a compartir fotos (¡y direcciones!) de graneros en mal estado. ProPublica también hace un trabajo consistente y excelente al involucrar a su audiencia en el proceso de investigativo para muchos reportajes importantes.

Cambiará la relación con nuestras fuentes

Los periodistas tienen a sus expertos, gente con la que han forjado relaciones durante décadas, y sí, ¡son inteligentes! Pero resulta que muchas de esas personas son hombres blancos de clase alta. Lo que significa que estamos perdiendo otras perspectivas.

En el futuro, comenzaremos con aquellos que viven y sienten las preocupaciones y ansiedades que abordan nuestros reportajes. Por ejemplo, la forma en que el Texas Tribune informó a quienes buscaban ayuda después del huracán Harvey. Y WBEZ cuando reunió a las comunidades musulmanas para hablar sobre divisiones raciales dentro de sus mezquitas. La historia incluso terminó engendrando un evento comunitario diseñado por los entrevistados después de la publicación del reportaje.

Cómo juzgaremos el "éxito"

Pero, ¿cómo sabremos si nuestro trabajo agotador, y a menudo ingrato, funciona realmente? En estos días, medimos según lo que obtiene la mayor cantidad de clics, el tiempo de permanencia en el sitio web, los premios o las primicias que les ganamos a nuestros competidores. Nuestros modelos comerciales todavía lo exigen, y al parecer también nuestros egos.

Pero en el futuro, realizaremos un seguimiento de nuestro progreso en contra de esta medida: "¿Ayudamos de alguna forma a que las personas quienes servimos cumplan sus objetivos?" (¡Gracias Jeff Jarvis!). Aprenderemos creando más caminos para obtener retroalimentación directa y procesable del público, para entender qué tan bien estamos alcanzando esa meta de servicio.

Dejaremos de obsesionarnos con las mediciones de rendimiento cuantitativo de nuestro trabajo y las equilibraremos con mejores indicadores cualitativos.

Cómo nos juzgaremos a nosotros mismos

En estos días, analizamos mucho más a la audiencia de lo que nos analizamos a nosotros mismos. Pero en el futuro, tendremos la tecnología, la capacidad y la motivación para rastrear quién propone más en nuestros consejos de redacción, o quién logra que sus ideas sean aprobadas con mayor frecuencia. Revisaremos los datos para asegurarnos de que no estamos favoreciendo a las fuentes habituales y que estamos dando a los demás la oportunidad de obtener representación.

También realizaremos seguimiento a la precisión de nuestras historias. Por ejemplo, a pesar de que las mujeres representan más de la mitad de la población, las voces de los hombres aparecen el 63 por ciento de las veces. Esto nos puede ayudar a reconocer estamos distorsionando la realidad, no reflejándola. Lo mismo ocurre si la mayoría de las historias que escuchamos sobre un grupo demográfico o barrio son predominantemente negativas. Con la ayuda del análisis de datos aplicado a nosotros mismos, tomaremos conciencia de cómo se desarrolla nuestra dinámica de poder y cómo contribuimos a avivar el miedo y deformar la percepción que nuestra audiencia tiene de su entorno.

Cómo sobreviviremos

Nuestro éxito dependerá de que nos volvamos esenciales para aquellos a quienes queremos servir. Lo sabremos si el público se siente interesado en nuestro trabajo al aportar sus ideas y preguntas. Lo sabremos si responden cuando les pidamos que se suscriban o donen para que sigamos adelante.

Sabremos que nos estamos dirigiendo en la dirección correcta al medir qué tan bien respondimos al público. ¿Mostramos respeto y aprecio por sus contribuciones? ¿Contestamos sus preguntas? ¿Aparecimos en el momento y lugar donde nos necesitaban?

Pero no todo será color de rosa: cambiar nuestras reuniones editoriales será difícil, porque cambiar los hábitos y la cultura es difícil. La buena noticia es que depende de nosotros, no de las plataformas, ni las fábricas de noticias falsas, ni de los políticos, o los anunciantes. Solo nosotros los mismos periodistas  tenemos el poder y la autoridad para hacer realidad este cambio.

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