Rumorología deportiva y contención ética

Investigaciones recientes sobre esta área de especialización periodística apuntan a un insuficiente trabajo de verificación y a una inadecuada atribución de las informaciones.
Fotografía: meinTAL en Pixabay | Usada bajo licencia Creative Commons
José Luis Rojas Torrijos

En la denominada era de la "posverdad", palabra que pronto será registrada en el diccionario de la Real Academia Española, el periodismo deportivo, y dentro de él el que versa sobre fútbol, se comporta como un ámbito de prevalencia del rumor, que suele adquirir categoría noticiosa muy especialmente cuando se 'informa' sobre traspasos de jugadores. Los medios, cada vez más expuestos y vulnerables a la dinámica de la viralización permanente de contenidos en las redes, acaban actuando en ocasiones de forma condescendiente y con irresponsabilidad, cometiendo graves faltas éticas que empobrecen sus informaciones y lastiman su credibilidad.

Hace unos meses la Red Ética Segura de la FNPI celebró un tuitdebate que planteaba precisamente cómo un medio deportivo puede cubrir una temporada de fichajes sin caer en la trampa de difundir rumores, falsedades o, simplemente, informaciones ajenas no suficientemente confirmadas pero a las que se les confiere veracidad sin más. En aquella ocasión, se puso de manifiesto la necesidad de que el periodismo deportivo refuerce la verificación como disciplina básica del ejercicio profesional a partir de un riguroso trabajo previo de validación y tratamiento de las fuentes informativas.

Además del número de fuentes primarias empleadas por noticia, que en la información deportiva suele ser escaso (el 26% de las noticias no usa ninguna fuente, mientras que casi el 65% se ampara en una sola, según recoge en su tesis doctoral Javier Gómez Bueno), investigaciones recientes sobre esta área de especialización periodística apuntan a un insuficiente trabajo de verificación y a una inadecuada atribución de las informaciones (poco a menudo se cita a los medios de la competencia), aspectos ambos que se están extendiendo en el ámbito digital, donde, cada vez más, lo rápido se prioriza frente a lo correcto.

Viralidad

El rumor se propaga con vehemencia por la red y luego arriba a las redacciones de los medios de comunicación tradicionales. Entretanto, ¿quién se molesta en comprobar cuál es y qué dice la fuente original que comparte el rumor? La viralidad impide a veces que se conozca el origen de la desinformación, es cierto; pero esta dificultad no exime de responsabilidad al medio ni al periodista que se hace eco de ella y la publica aunque mencione a la fuente utilizada. Como reza el Libro de Estilo de El País, "la urgencia de los acontecimientos lleva a los medios a publicar historias no siempre debidamente verificadas y apoyadas en la credibilidad que pueda conferir las fuentes mencionadas" y - agrega- "es una obligación ética de los medios intentar confirmar lo antes posible la historia por sus propios medios (periodistas) y rectificar y dar todas las explicaciones que sean necesarias al lector si la noticia no es tal".

El periodista haría bien en tomarse apenas unos minutos para no convertirse en parte de una cadena de propagación sobre un tema no verificado. "No menciones el rumor a menos que hayas localizado la fuente original, evaluado la situación y obtenido evidencia de los hechos", indica el periodista Craig Silverman, editor de Buzzfeed, quien propone analizar la situación en la que emerge el rumor y la necesidad que satisface su publicación (involucrados y posibles beneficiados) como una forma de calibrar si puede existir una intencionalidad de parte en esa publicación con fines desinformativos.

Aunque son cada vez más los medios que hacen una clara diferenciación entre noticias y rumores, la realidad es que la información sobre un fichaje de un futbolista que es trending topic en las redes sociales aun no habiendo sido confirmado genera visitas a la web y también ilusión entre los fans, sea o no cierto a la postre. De hecho, la tasa de conversión de rumor a noticia sobre el mercado de transferencias de jugadores cada verano es realmente baja (no se cumplen en el 64% de las ocasiones según datos de la BBC sobre la Premier League).

¿Solución a la vista?

Cabe por tanto pensar que una posible solución sea la de reforzar y agilizar los protocolos de verificación e incluso crear equipos específicos para combatir noticias falsas dentro de la redacción, como vienen haciendo desde hace años medios generalistas de referencia como la BBC o el semanario Der Spiegel. Apostar por la ética es hacerlo por la calidad, pero también por la diferenciación. Porque, como recoge el código ético (Ethical Guidelines) la Associated Press Sports Editors (APSE), "actuar éticamente es justo lo que define ser un profesional y lo que lo diferencia de otros", de ser un mero aficionado.

Ante la proliferación del rumor, favorecido por la velocidad de las redes sociales, ese protocolo de verificación pasa en primer lugar por saber elegir bien las fuentes, y también por ver si otros medios fiables están publicando algo referido a ese rumor o, si en cambio, lo cuestionan. Además, en aquellos casos en los que el periodista no cuente con información de primera mano, le resulte inviable acceder a ella por sus propios medios y prevalezca el interés general de lo publicado por otros, deberá darle a ese anuncio un tratamiento ético adecuado, esto es, una correcta atribución y enlace a la fuente referida, todo ello con el fin de dejar siempre bien claro al lector de dónde parte y por qué se ha considerado ese material como publicable.

A este respecto cabe recordar lo que dicen las Editorial Guidelines for Standards and Practices de ESPN: "Las fuentes son la esencia del reporterismo, pero cuando confiamos en ellas aceptamos el riesgo inherente a informar sobre temas que ni hemos visto ni de los que hemos oído nada de primera mano. Nuestra credibilidad depende de la fiabilidad de nuestras fuentes. Necesitamos asegurar que nuestra confianza esté justificada". O bien el Código Ético de la Federación Argentina de Periodistas Deportivos (FAPED): "El periodista deportivo deberá recurrir a las fuentes que merezcan mayor garantía, verificando siempre sus informaciones, a fin de que estas sean veraces (...) Se considerará acto violatorio a la ética profesional la desinformación premeditada y la difusión de rumores tendenciosos".

Los rumores - ya lo escribió Julio Alonso en la primera edición del Libro de Estilo de El País en 1977- nunca tendrán el rango de noticia. Tampoco deberían ser considerados como tales por ningún medio de comunicación que aspire a ser respetado, que sea serio. Porque la obtención de la verdad es el fin último del periodismo. Es una exigencia de procedimiento para la emisión de toda información que la publicación de los datos vaya siempre precedida de la consulta e identificación de una pluralidad de fuentes mínima para su posterior verificación. Cuanto mayor sea el número de fuentes tratadas, más veraz y creíble será la información resultante.

Los periodistas deportivos contraen una gran responsabilidad a la hora de informar, ya que son de los más seguidos y ejercen una gran influencia en los hábitos de conducta y modos de expresión de la ciudadanía. Cabe detenerse en las funciones que desempeña el periodismo deportivo como uno de los grandes vehículos actuales de la ética, entendida esta como un compromiso del profesional y del medio con la sociedad a la que se dirige y pertenece, con la que se identifica y a la que presta un servicio público. Por ello, seguiremos analizando desde este blog en sucesivas entregas otros aspectos éticos mejorables en esta área de especialización periodística.

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José Luis Rojas Torrijos es doctor en Periodismo por la Universidad de Sevilla y especialista en periodismo deportivo. Rojas es autor de La información y el deporte (Aconcagua Libros, 2005); Periodismo deportivo de calidad (Fragua, 2011) y Alto y Claro. Guía de pronunciación para la cobertura de grandes eventos deportivos internacionales (Visión Libros, 2013). Asimismo, es el autor del blog Periodismo deportivo de calidad.

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