La basura bajo la alfombra: Relatoría del taller Investigar la basura, con Daniel Lizárraga
  • FB
  • TW
  • YouTube
  • Instagram
27 de Abril de 2018

La basura bajo la alfombra: Relatoría del taller Investigar la basura, con Daniel Lizárraga

El taller Investigar la basura tuvo lugar entre el 12 y 17 de marzo de 2018 en Bogotá, durante la cumbre Latinoamérica Recicla.
Daniel Lizárraga, maestro del taller Investigar la basura. Foto: Mateo G. Rivas / FNPI.
Ángel Unfried

Bogotá, Colombia, del 12 al 17 de marzo de 2018.

Organizadores: FNPI - Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano, la Iniciativa Regional para el Reciclaje Inclusivo (IRR) y la Alianza Latinoamericana para la Tecnología Cívica ALTEC.

Un taller paralelo a una cumbre

A primera vista, podría parecer que el periodismo investigativo, habitualmente enfocado en la corrupción de las altas esferas del poder, y el ejercicio de escudriñar en las problemáticas alrededor de las basuras están muy lejos entre sí. Durante la segunda semana de marzo de 2018, un espacio de diálogo entre las dos partes abre claros puntos de convergencia.

Severino Lima, el líder brasileño de la Red Latinoamericana de Recicladores, rompe con los discursos protocalorios y grita uno a uno los nombres de los países del continente. La respuesta de sus colegas blandiendo banderas remite más a la emoción de un estadio de fútbol que a la mesa inaugural de Latinoamérica Recicla, Cumbre Regional sobre Sistemas de Reciclaje Inclusivo en América Latina. También provenientes del Caribe, el centro y el sur del continente, un grupo de catorce periodistas recorre el auditorio principal de la Biblioteca Virgilio Barco, en Bogotá, para conversar con algunos de los protagonistas del evento. Son los participantes del taller Investigar la Basura, organizado por la FNPI, IRR, ALTEC y la Fundación Avina.   

Tanto en el espacio del taller como en las sesiones de la cumbre, recicladores y reporteros tienen la oportunidad de compartir experiencias con colegas de otros países. Gracias a las miradas y orígenes diversos de los participantes, es posible enterarse de una crisis en el manejo de residuos electrónicos en una megaciudad, de las tensiones entre recicladores al interior de un botadero a cielo abierto, del desplazamiento de una comunidad indígena costera hacia las inmediaciones de un basurero gigante, de la recurrencia de corruptos, mafias y pandillas que controlan el negocio de las basuras en varios países y del impacto que tiene un manejo inadecuado de los residuos sobre especies como el salmón, el manatí y las tortugas.

A pesar de la amplia variedad de escenarios y protagonistas locales, las circunstancias que determinan el contexto de las basuras son transversales a todo el continente: adversas condiciones laborales, impactos ambientales, deterioro en la salud, políticas amañadas y una escasa intervención estatal que ha dado lugar a monopolios, mafias y competencia desleal alrededor de un negocio jugoso y poco visible para el observador común.

La complejidad de este tejido, que es necesario desenredar para abordar con profundidad el tema de la basura, fue precisamente lo que llevó a los organizadores del taller a convocar como maestro no a un experto en esa fuente, sino a uno de los más avezados representantes del periodismo investigativo: el mexicano Daniel Lizárraga.

El maestro

“Al leer los temas propuestos por los colegas periodistas, y después de escuchar varias intervenciones a lo largo de esta cumbre, he sentido que, aunque no es mi área de conocimiento, muchas dinámicas del dinero y el poder presentes en mis temas habituales se repiten en el contexto de las basuras y por ello podrían aplicarse el mismo método y herramientas de investigación”, afirma Lizárraga durante la cumbre, en una conversación con Ricardo Corredor, director ejecutivo de la FNPI.

Junto con diversos equipos y para medios como Reforma, El Universal, Animal Político  y MVS Radio, Lizárraga ha sido el artífice de algunas de las investigaciones más logradas y controversiales del periodismo latinoamericano en las dos últimas décadas. Entre ellas, La casa blanca de Enrique Peña Nieto, ganadora del Premio Gabo en 2015 y pieza imprescindible para reporteros, estudiantes y todo aquel que sienta la necesidad de hacerse un juicio informado acerca de los tejemanejes de la corrupción y de los mecanismos con los que cuenta el periodismo para desenmascararla.

Recursos y métodos análogos han sido aplicados por Lizárraga y sus equipos de investigación para abordar casos de corrupción internacional como el de Odebrecht, los Panama Papers y los Paradise Papers, y son precisamente estas las herramientas que ahora propone aplicar al tema de las basuras.  

“Necesitamos que el periodismo de investigación se ocupe de temas distintos a la corrupción en las altas esferas. Podemos acusar a los políticos de corruptos, pero no de tontos. Al estar siempre bajo el ojo de periodistas, aprenden de quienes los investigan y cambian su forma de proceder de acuerdo con ello. En cambio, los responsables de impactos ambientales no están tan acostumbrados a que los investiguen y esa es una oportunidad”, declara.

A pesar de la sólida carrera que ha desarrollado como reportero de investigación, Lizárraga llegó al periodismo por accidente. Su interés inicial era hacer una carrera académica como investigador. Hizo una especialización en Comunicación y Docencia en la UNAM, y su inclinación principal eran los modelos de comunicación: funcionalismo, estructuralismo y marxismo. En medio de una pausa, en Morelos, se enteró de que El Universal acababa de abrir una filial en esa ciudad. “Estaba de vacaciones y fui a tomar un periodo de prueba de un par de meses. Eso fue en el 92. Ya la prueba cumplió 26 años”. Su vínculo con el periodismo de investigación partió de aquella vocación teórica, la misma que sostiene la metodología que comparte en este taller.   

Planificación de la investigación

Durante las seis sesiones del taller, la metodología de Lizárraga y los aciertos y errores acumulados a lo largo de su carrera sirvieron a los participantes como referencia para el diseño de sus proyectos, que aún se encuentran en fase de desarrollo.

“No hay investigaciones periodísticas exitosas si no están planeadas. Lo que ustedes están buscando está detrás de una masa caótica de datos. Lo que necesitan es ponerle una columna vertebral al caos informativo y hallar el corazón de la historia”. A grandes rasgos, esta declaración alude a los desafíos centrales que implica toda gran investigación: entender lo que se está buscando, acceder a la mayor cantidad de información posible y darle sentido organizándola.

Es importante definir el alcance de cada investigación dependiendo de las condiciones, fuentes y datos disponibles. “Para ahorrar frustraciones, es conveniente partir con los pies en la tierra y saber hasta dónde podemos llegar”. De acuerdo con un reconocimiento previo de las fuentes y datos a los que se puede acceder, el periodista define si se trata de una investigación de primer grado –en la cual la información está a la vista pero no se ha publicado–, o de una investigación de segundo grado –en la que es necesario vencer resistencias personales e institucionales para revelar información desconocida–.

El mismo Lizárraga identifica la serie de pasos que habitualmente ha recorrido para sortear ese proceso:

  • Hallar un factor detonante
  • Plantear una hipótesis
  • Desglosar esa hipótesis en sus elementos
  • Investigar a fondo cada elemento con fuentes vivas y documentales
  • Contrastar con el deber ser
  • Establecer las relaciones entre los elementos investigados
  • Y dar forma a la estructura final desde un enfoque sistémico  

La cola de la rata

El origen de las grandes historias suele ser pequeño. Existe un elemento disparador, un primer momento en el cual la historia oculta se asoma como la cola de una rata. Para Lizárraga, un buen ejemplo de la forma insospechada en que puede revelarse este indicio es el detonante de La casa blanca de Enrique Peña Nieto.

“Rafael Cabrera, uno de los miembros de nuestro equipo, tiene una vocación especial por las revistas del corazón. Se la pasa leyendo quién se casó con quién, el chisme de la temporada. Un día encontró en la revista Hola una entrevista con la primera dama sobre la casa en la que ella decía que iban a vivir tan pronto terminara el periodo presidencial. Rafael ve las fotos y dice: ‘Esta no es la casa de otras entrevistas. Está espectacular’. En ese momento, en la fila del supermercado, hojeando la revista, comenzó esa investigación”, recuerda Lizárraga.

Esa banal entrevista, publicada en una revista de variedades, es el detonante de una ambiciosa investigación sobre la relación del presidente mexicano con un consorcio beneficiado con millonarios contratos durante su mandato. “Si te quedas en el factor indicativo, pensando que esa es una simple entrevista en una publicación para señoras ricas, no identificas lo que está oculto detrás del dato disparador. Hay que rasgar para ver bajo ese elemento. Lo primero es confirmar la veracidad de ese dato. Puede parecer algo obvio, pero en este caso no podemos dar nada por sentado, ni siquiera la existencia de esa casa, la publicación de la revista Hola podría ser imprecisa o incluso totalmente falsa. De ahí partimos: Rafael fue a buscar la dirección de la casa, que no aparecía en el artículo, luego fue a Registro Público a pedir los documentos y allí fue donde estalló la investigación”, continúa.

Tan pronto se ha constatado la veracidad de esa cola de rata, el paso a seguir es contrastar la forma en que se hicieron las cosas con el deber ser. Si ha habido o no irregularidades solo es posible definirlo por contraste con el conducto regular. Esa fue la primera lección que Alejandra Xanic, colega de Lizárraga, recibió por parte de The New York Times al comenzar su investigación acerca de una tienda de Walmart que había sido construida sobre terrenos arqueológicos: “Dame la ruta de cómo se hubieran tenido que tramitar los permisos si fueran legales”, le dijeron. La investigación ganaría el Pulitzer en 2013.

Este cotejo con el deber ser permite definir pautas de comportamiento, patrones que pueden replicarse en casos análogos. Esto es lo que ocurre en el caso de Odebrecht: los mismos procedimientos irregulares de Brasil fueron calcados en el resto del continente. Fue así como el equipo de Lizárraga participó en esta investigación transversal que analizó casos de corrupción protagonizados por la constructora y los gobiernos de varios países de Latinoamérica.

El estructuralismo

Definir una hipótesis ayuda a delimitar la investigación en el tiempo y el espacio. Esta suposición de base enuncia la consecuencia visible y sugiere el hecho que la provoca. Es la versión breve de la investigación que le cuentas a alguien, incluso a ti mismo, para comprender qué pasó, y empezar a jerarquizar la información.

Cada hipótesis reúne una serie de elementos, se trata de fragmentos móviles o microcosmos. Lo primero es identificarlos de manera independiente e investigar cada uno de ellos a fondo. En el caso del reportaje La casa blanca de Peña Nieto, la hipótesis contenía cuatro elementos: la casa misma, una empresa del Grupo Higa como constructora, los beneficios de este grupo durante el gobierno de Enrique Peña Nieto, la relación de la familia presidencial con el Grupo Higa. Cada uno de estos elementos supone una investigación completa en sí misma, pero no cuenta por sí solo el tema sino que configura una de sus variables.  Lo siguiente es unir los puntos para desentrañar la forma en que estos se relacionan entre sí.

El estructuralismo es el marco a través del cual Lizárraga propone desarrollar este proceso. Desde el planteamiento de las hipótesis hasta la estructura, encuentra una relación directa entre la investigación periodística y los fundamentos del signo lingüístico, de Ferdinand de Saussure; el análisis de discurso, de Roland Barthes; y las relaciones de parentesco, de Claude Lévi-Strauss.  

“El estructuralismo busca descubrir el código secreto que vincula las actividades del hombre, los encadenamientos entre las partes que componen una estructura; fracciona un hecho en partes, las analiza por separado y luego vuelve a armar el sistema para explicarlo. Y qué es lo que hacemos los reporteros de investigación sino eso: descubrir el funcionamiento oculto de un sistema y servir como modelo para explicar un hecho”, afirma Lizárraga.

El enfoque sistémico

Este procedimiento, basado en los fundamentos del estructuralismo, supone enfocar la mirada en el complejo trasfondo. Las consecuencias son lo visible, lo inmediato, de lo que con mucha frecuencia se ocupan las noticias. Los hechos, en cambio, están detrás y con frecuencia el observador común no accede a ellos por la complejidad de recorrer la ruta hacia atrás. Descabezar al político corrupto de turno o enfocarse únicamente en las víctimas solo deja ver de manera muy parcial las causas estructurales.

Así lo reconoce Lizárraga, tanto respecto a sus investigaciones como en el tema central de este taller: “En el caso de la casa blanca, lo que se ve es la licitación, porque es pública; lo que no se ve es la construcción de una casa privada para el presidente. En el caso de las basuras, al leer sus hipótesis, veo que en la mayoría se repiten miseria, explotación, enfermedades… todas esas son consecuencias. Pero, ¿cuáles son los hechos detrás de esas consecuencias? ¿Los recolectores están en la miseria a causa de qué? ¿Están siendo explotados por qué? Hay autoridades que se llevan ganancias, hay empresas que lo promueven. Las víctimas están a la vista. Pero no está a la vista qué facilita que eso suceda y, lo más importante, quién gana, quién se beneficia con eso”.

Otra investigación analizada por Lizárraga en el taller le sirve como pretexto para aclarar varios errores de enfoque en este sentido. En 2014, su equipo emitió un controversial caso en Noticias MVS: Cuauhtémoc Gutiérrez, diputado del PRI e hijo de uno de los magnates de la basura en Ciudad de México, había montado un equipo dedicado a reclutar jóvenes entre 18 y 32 años para que le prestaran servicios sexuales en las instalaciones del Movimiento Territorial del PRI, servicios que eran pagados con dineros públicos. Menos de una hora después de la emisión, Gutiérrez de la Torre fue destituido del cargo. Sin embargo, no hubo mayores consecuencias para el partido o para otros implicados. “Nos ocupamos del caso particular, descabezamos al responsable, pero no apuntamos a una descripción sistémica del problema”, reconoce Lizárraga.

A pesar de haber puesto el ojo sobre un caso de interés público, y de haber tomado los riesgos de esta investigación encubierta, cometieron tres errores  que afectaron su impacto: acusaron a Gutiérrez de tener una “red de prostitución” y esta imprecisión de términos debilitó el rigor de la investigación ante las autoridades; no fueron suficientemente enfáticos en el origen de las acusaciones por parte de las reclutadas y ello dio lugar al argumento de que se trataba de una persecución personal y, por último, no ahondaron en la ruta del dinero que estaba en juego; un camino que les hubiera permitido alcanzar la comprensión sistémica del caso. Por estos errores metodológicos y formales, una investigación que podría haber arrojado luz sobre un asunto estructural acabó llegando solo al impacto de una noticia escandalosa, cuyas consecuencias a mediano plazo hoy son cuestionables ante el paulatino regreso de Gutiérrez a la vida pública.

La investigación sistémica apunta al hecho de que también la corrupción es sistémica. Lo que hace el periodismo investigativo es fijarse en las redes de corrupción y no en los corruptos. Este acercamiento, sumado a un cuidadoso manejo del lenguaje, reduce la responsabilidad de la prueba. Aunque se cuente con fuertes indicios, afirmar que determinado político “estuvo involucrado en tales hechos” es una tentación muy riesgosa. En cambio, afirmar  que “tales hechos ocurrieron durante su gobierno” resulta inequívoco y trasciende lo particular. Esa es la gran diferencia entre publicar una denuncia que genere un escándalo y haga rodar una cabeza, y apuntar a entender el problema en su complejidad.

Esta experiencia, que no logró su objetivo de fondo, contrasta con la exitosa participación del equipo de Lizárraga en casos como el de Odebrecht. “Cuando subes la ruta del dinero tienes que trazarla completa. No se puede recargar sobre los servidores públicos porque esos cambian, vienen y van. No cuentan los partidos ni las ideologías, y menos los funcionarios de turno. Miren por ejemplo la forma en la que operaba Odebrecht en todo el continente: no solo sobornaban al Gobierno de turno, sino que financiaban las campañas del que creían que iba a ganar para tener también control del Gobierno entrante. Los gobernantes son transitorios; los que controlan el dinero, los que ganan con la corrupción, son los que permanecen. Si la investigación hubiera girado en torno a quienes recibieron dinero, Odebrecht se habría quedado a un lado, feliz”, afirma.

Si aplicamos esta mirada a otros contextos, por ejemplo a las violaciones a derechos humanos, se trata de no solo mirar a las víctimas sino a quienes se benefician con el sistema que las convierte en víctimas.

La basura como sistema

En el caso de los temas de este taller, los que recolectan la basura son los que pierden, y ya se han escrito y publicado muchas historias sobre ellos. Ese es el reclamo más recurrente que los actores relacionados con el tema de las basuras hacen al periodismo. Tanto los recicladores como los funcionarios invitados a la cumbre y a sesiones del taller coincidieron en que el de las basuras es un tema frecuentemente invisibilizado, poco atractivo para la prensa. Los testimonios de invitados como la colombiana Nohra Padilla, la argentina Jaquelina Flores y el dominicano Robinson García ayudaron a ilustrar estas tensiones de poder y el lugar que en medio de ellas ocupan los recicladores, no solo en Colombia sino en buena parte del continente.

Así lo confirma Jaquelina Flores, recicladora argentina de la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular. “Sabemos que nacimos en una pobreza impuesta y sin opciones. Nuestra fuerte cultura de trabajo es lo que nos permite no perder la dignidad. No es que un trabajo sea digno por sí mismo; nosotros hacemos digno este trabajo. Organizarnos nos ha permitido generar cambios, aunque nos queda mucho por recorrer en el tema de la educación. Los monopolios contaminan, nosotros hacemos el trabajo, pero no nos pagan como deberían. No se trata de la palabra ‘basura’ sino de un gran negocio monopolizado que nosotros luchamos por detener”.

Respecto a la relación con los medios, Jaquelina agrega: “Es bueno tener un contacto en la prensa porque puede llegar donde está pasando algo urgente tan pronto lo llamas; él se beneficia y también la comunidad. Pero hay un asunto con los periodistas: nosotros no somos muy vendibles para los medios. Siempre sentimos que vienen en busca de nuestras miserias, de nuestro llanto. Pero eso solo lo contamos a quien queremos. No es cuestión de amarillismo, sino de derechos. No quiero que me vean como una mujer que llora, sino como una mujer trabajadora. Le hemos arrebatado nuestros derechos al Estado”.

Robinson García, líder de República Dominicana, coincide en este sensación: “En República Dominicana se nos llama ‘buzos’ y no ha sido fácil que nos reconozcan con la palabra para nuestro trabajo. Parece que la prensa en nuestro país solo sigue la ruta presidencial y, cuando se acercan a nosotros, apenas les interesa ver nuestras penurias y no nuestras luchas y logros. Olvidan que el presidente y los recicladores somos igual de importantes”.

Están cansados de que se cuente una y otra vez la historia de las duras circunstancias en que trabajan y viven, o el testimonio de un periodista que hace una breve “inmersión”. Preferirían que el periodismo se ocupara de sus procesos de cambio y de los agentes que bloquean esos cambios, y que generan estas complejas circunstancias para lucrarse de un millonario negocio que transcurre en la oscuridad.

El gran negocio de las basuras acaba determinando la consolidación de monopolios legales y despertando el interés de pandillas y mafias que encuentran en la escasa visibilidad de este sector y en la gran vulnerabilidad de sus actores un terreno propicio para ejercer el control. Esta dinámica se presenta por igual en versiones micro, como es el caso de vertederos específicos de barrios puntuales, o en las altas esferas, donde la connivencia entre autoridades y empresas llega incluso a definir la aprobación o el bloqueo de cruciales políticas públicas. Al respecto, Daniel Lizárraga subraya que estos poderes emergentes son sintomáticos de la ausencia del poder oficial: “Las ramas que se abren en todos lados revelan el adelgazamiento del Estado, la falta de voluntad para poner orden a favor de la gente”.  

Recicladora desde los 7 años y líder desde hace casi 30, Nohra Padilla fue una de las precursoras que impulsaron la necesidad de organización como respuesta al cierre de los botaderos a cielo abierto que ocurrió en Colombia en 1987. La descripción que hace del contexto confirma los mecanismos de ilegalidad y competencia desleal. “En Colombia y en muchos de estos países la corrupción está desbordada. En el caso de las basuras, los actos de corrupción son pasados por alto y, cuando acusan a alguien, las penas son irrisorias: un tipo se roba 100 millones de dólares y pasa por mucho 2 o 3 años en la cárcel. Aunque le toque pagar una parte de lo que se robó, sale libre y le queda un montón de plata. Resulta muy rentable robarse esos recursos”.

Ricardo Valencia, director estratégico de la Iniciativa Regional para el Reciclaje Inclusivo, es enfático al referirse a las dimensiones de este negocio y al afirmar que resulta absurdo considerarlo algo de menor incidencia. “Los municipios destinan cerca del 50% de su presupuesto en gestionar basuras. Existen escuelas de urbanismo que afirman que los municipios existen solo para recoger basuras y para proteger a los ciudadanos”. En el caso de Centroamérica, región de origen de varios participantes del taller, Valencia hace referencia a la fuerte incidencia del crimen organizado: “El problema en los países, desde México hasta Panamá, es que las pandillas en Centroamérica son entes más estructurados que muchas de nuestras organizaciones”.

Una razón importante para dejar de mirar al reciclador y apuntar al problema estructural es que, debido a un asunto de infraestructura e inversión, estos solo pueden acceder al negocio marginal de la recolección, pero no a la venta final. Existe un límite para la participación de los recicladores en el negocio. “Nuestras cooperativas no tienen la capacidad técnica ni económica para vender directamente al comprador final, multinacionales en países como Alemania o China que pagan el mayor precio. Existen intermediarios que cuentan con esa infraestructura y tenemos que venderles a ellos. No tenemos manera de hacer una inversión de ese tamaño para acceder a esa parte del negocio”, declara Nohra. Esta afirmación es respaldada por Valencia: “Nadie que tenga menos de 10 toneladas de plástico puede tocar la puerta de un comprador final. Hay muchos niveles de intermediación. En ocasiones hasta siete. Las mafias suelen operar en los niveles más bajos, pues los más altos requieren transacciones más formales”.

Es justo en ese nivel alto donde Lizárraga encuentra el reto para el periodismo de investigación en el campo de las basuras y donde la experiencia de sus investigaciones en corrupción son análogas a las dinámicas de este negocio sucio.

Las fuentes

La presencia de los recicladores invitados al espacio del taller sirvió a Lizárraga para hacer algunas reflexiones sobre la relación entre el investigador y las fuentes. El prolongado proceso de este tipo de investigaciones permite volver a recabar en nuevas fuentes, aunque se haya recorrido un largo tramo de la reportería. Un recurso útil, pero que Lizárraga recomienda usar con discreción y solo en casos excepcionales, como una investigación estancada, es usar como carnada el mínimo publicable.

“A veces para atraer a una fuente es necesario tentarla con un avance de la historia. Junto a Carmen Aristegui, calculamos que 8 de cada 10 veces que publicamos un avance aparece una nueva fuente. Hay fuentes que yo llamo ‘Gargantas profundas de clóset’: están escondidas, pero cuando alguien se atreve a tocar a cierto tipo poderoso, ellos se animan a levantar la mano y decir ‘Yo también sé algo’”, sostiene.

Lizárraga recuerda la importancia de respetar las reservas de identidad de cada fuente, en especial cuando se trata de temas en los cuales coinciden grandes intereses económicos con escasa visibilidad, como es el caso de las basuras.

La obligación ética de protegerlas no supone que las fuentes sean indefensas o desinteresadas. De hecho, el mismo Lizárraga invita a los reporteros a no ser ingenuos respecto a ellas: “Si alguien nos da información, esa persona tiene algún interés en darla. Por eso es necesario investigar también a las fuentes. ¿Por qué quiere esa persona que sepamos lo que nos va a revelar? Es importante diferenciar qué es una garganta profunda y qué es un informante. Es muy delicado recibir información sin conocer a la fuente y sus motivaciones”, afirma.

Sabuesos de documentos

A pesar de la importancia de las fuentes vivas para abrir caminos, escarbar en las fuentes documentales suele ser el recurso más fértil para el periodismo de investigación.

En cada país, la normatividad de acceso a la información es distinta. Un par de hitos, mencionados en el taller, dan cuenta de las diversas formas en que esta se ha conquistado. En el caso colombiano, la periodista invitada Maryluz Vallejo mencionó el papel clave que tuvo el periodismo investigativo, y en particular Alberto Donadío, en la institución del Derecho de Petición. El otro caso fue traído a cuento por Lizárraga. Según él, fue el mismo presidente Vicente Fox quien firmó, en un descuido, la Ley de Transparencia, que paradójicamente permitiría a Lizárraga acceder a datos claves para investigar al propio Fox para su libro La corrupción azul.

Ninguna de las investigaciones de Lizárraga habría sido posible sin esta posibilidad de acceso a la información, y sin un meticuloso e intenso trabajo de solicitud y revisión de documentos públicos y privados.

En 2011, Lizárraga publicó en la revista Proceso los artículos Calderón compra y compra, pero no declara y El encanto de ser expresidentes. El primero  se ocupaba de las propiedades que Felipe Calderón había adquirido sin declarar, en particular una casa que había ampliado a través de 11 remodelaciones no reportadas. El segundo, sumaba al caso de Calderón los de Vicente Fox y Carlos Salinas de Gortari. Uno de los párrafos iniciales revela el curso de la investigación: “Hay tres maneras de pertenecer a la socialité mexicana: tener un apellido de abolengo que venga desde principios del siglo pasado, pertenecer a una de las familias de empresarios poderosos, o estar bajo el cobijo de la nobleza política compuesta por las familias de los expresidentes”.

Esta investigación se construyó enfrentando árboles genealógicos de esa socialité con registros públicos. “Los árboles genealógicos se pueden tomar de fuentes como revistas del corazón. Los políticos son aspiracionales, quieren codearse con los millonarios; por eso van a eventos de beneficencia y les gusta aparecer en las fotos. La red de amigos de quienes estamos investigando coincidirá en algún punto con los registros públicos. El trabajo consiste en tejer dos tipos de telarañas que se van uniendo hasta desnudar los vínculos. Tan pronto encuentren un nuevo nombre, tienen que indagar en registros públicos. A través de ellos se puede llegar a los prestanombres”, recomienda Lizárraga.

En estas dos últimas investigaciones, uno de los principales recursos es la búsqueda de documentos. Al respecto, Lizárraga apunta: “Nos hemos acostumbrado a ser reporteros de escritorio. En investigaciones como estas es indispensable sumar el reportero tradicional con el reportero de registros públicos. Solo así es posible ir armando los vínculos y cerrar el rompecabezas. El acceso a la información puede ser el elemento disparador, la columna vertebral o la conclusión de la investigación. Depende de a dónde quieras llegar. Lo importante no es la información que te dan, sino la forma en que tú la utilizas”.

A esta consideración general, añade una serie de recomendaciones al momento de solicitar documentos e información pública:

  • Es necesario haber avanzado en la investigación antes de hacer las solicitudes: saber qué vas a preguntar y cómo. Si no es clara esta solicitud te ponen a dar vueltas y te dan papeles que no son. Lo importante es hacer tiros de precisión.
  • Es recomendable hacer la misma solicitud de información a dos o más instancias del Gobierno en los mismos términos y el mismo día, para poder contrastarlas.
  • A veces conviene hacer solicitudes para 'perder'. Pedir información que sabes que no existe para confirmar que alguien miente u oculta algo al respecto.
  • Hay que revisar la legislación de acceso a la información de cada país. Si es una licitación, revisar la convocatoria.
  • Al mirar los contratos, es necesario detenerse en cada dato, cada firma, cada fecha; ver la letra pequeña.

Esta solicitud de documentos no puede limitarse a la revisión de los contratos. Para empezar, estos suelen estar cuidadosamente circunscritos dentro de lo 'legal', aunque esa definición sea muy cómoda para sus intereses. Como sostiene Lizárraga: “Quienes hacen las leyes las dejan suficientemente flojas para que cualquier cosa que encontremos sea ‘legal’”. Pero, lo más importante que subraya Lizárraga en este punto es que “los contratos son el cierre de un acto de corrupción y, en vista de que los corruptos saben que muchos ojos recaerán sobre ellos, los hacen con sumo cuidado. Por eso, mirar solo los contratos suele no ser suficiente, hay que remitirse a todo el proceso de administración pública de la contratación, tanto el antes como el después: ¿entregaron el servicio? ¿Cómo lo entregaron? ¿A quién se le pagó?”.

La estructura

Reunido todo este material de fuentes vivas y documentales, abordada la información desde un enfoque sistémico –que gracias al método del estructuralismo desglose en partes y luego establezca las relaciones entre ellas–, llega el punto de armar este todo complejo en el conjunto unitario que la audiencia podrá leer, escuchar o ver. ¿Cómo poner orden a este caos de datos, personajes, consecuencias y hechos?

La forma en que Lizárraga sortea la complejidad de narrar una revelación principal y una serie de revelaciones secundarias que se desprenden de ella es, primero, jerarquizando rigurosamente y después organizando en una línea de tiempo. Dependiendo de la complejidad del caso, puede ser solo una línea o varias paralelas, cada una dedicada a uno de los elementos de la hipótesis.

Por ejemplo: una línea dedicada a la casa blanca de Peña Nieto y su proceso de construcción, compra y transferencia; otra, a los beneficios del Grupo Higa a lo largo del gobierno de Peña Nieto y de manera paralela a la construcción de la casa; y una más sobre las relaciones personales entre los miembros de la familia presidencial y los dueños del consorcio.

Tableros llenos de líneas de colores dan cuenta de la manera en que el equipo arma ese tejido de vínculos y continuidades. Además de alternar hechos, fuentes diversas, datos y distintas formas de presentar la información, Lizárraga propone variaciones mínimas en la línea de tiempo, una especie de movimiento pendular. “Hay personas virtuosas para narrar. Los que no tenemos ese talento debemos ser muy organizados. Yo lo hago a través de líneas de tiempo”.  La narrativa final va avanzando de manera casi lineal, alternando entre las líneas y tomando el tono y la atmósfera de cada una.

Lizárraga es consciente de la preferencia de muchos periodistas por textos más literarios que plagados de datos, pero reconoce que ese potencial narrativo no depende únicamente de quienes investigan y escriben, sino que a veces radica en la naturaleza de cada caso. “No siempre encuentras una historia al interior de un tema de investigación. A veces no hay historia, solo hechos y consecuencias. Entonces se reúnen, se investigan a fondo y se estructuran esos hechos y consecuencias. Para que su forma de presentación no sea tan plana, se usan recursos como puntos de contraste entre los hechos, cambios de escenarios, saltos entre escenas… pero todo eso dentro del hilo conductor que es aquello que has descubierto y que está soportado en datos”.

Colofón

Es justo ahí, en ese soporte en datos que se impone a lo formal, donde Lizárraga encuentra la razón de ser, el sentido que conserva el periodismo en medio de varias formas de crisis: “Actualmente, cualquier persona puede grabar un video y publicar una noticia antes y quizá mejor que nosotros. La manera de diferenciarnos de todos aquellos que tienen un celular en la mano y comparten información constantemente a través de sus redes es el periodismo de investigación: la gente común no sabe cómo desentrañar estos secretos, no sabe cómo acceder a esa información y cómo armar una historia compleja detrás de la cual se esconde el funcionamiento de un sistema corrupto o criminal. Es ahí donde puede diferenciarse lo que hacemos como reporteros”.

Este reconocimiento de la complejidad, tiempo y esfuerzo que requieren estas investigaciones, y de la necesidad de que existan para asomarse a terrenos ocultos de la realidad, es una invitación para los participantes del taller. Hace casi veinte años, Daniel Lizárraga participó por primera vez en un taller de la FNPI. Durante aquellas sesiones, tuvo la oportunidad de poner en perspectiva su proyecto de investigación, escuchar el punto de vista de sus compañeros y, en especial, contar con la retroalimentación de la maestra María Teresa Ronderos. Aquella semana fue clave para aclarar dudas y enriquecer las páginas de su libro La corrupción azul. Pero lo más importante fueron los contactos que estableció en ese encuentro y el hecho de haber podido trabajar con ellos en futuras investigaciones que cubrieron todo el continente.

Para Lizárraga, la interacción y puntos de coincidencia entre los participantes de este taller –quienes solicitaron mantener reserva sobre sus temas de investigación para no entorpecer el proceso– abre la posibilidad de que toda una red latinoamericana de periodismo ambiental comparta líneas de investigación para barrer bajo la alfombra y desnudar un complejo sistema que nos afecta a todos, como es el de la basura.

Sobre Daniel Lizárraga

Coordinador de la Unidad de Investigaciones Periodísticas en Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI). Hasta marzo del 2016 fue coordinador de investigaciones especiales en Aristegui Noticias y de la Primera Emisión de Noticias MVS conducida por Carmen Aristegui. Este equipo recibió el premio de periodismo internacional 2017 del International Center for Journalist.  Exsubdirector y fundador de Animal Político.

En 2017, con el equipo de MCCI ganó el primer y segundo lugar en el Premio Alemán de Periodismo por las coberturas en torno al caso Odebrecht y sobre el sistema de espionaje Pegasus, en México.

Coautor del reportaje La casa blanca de Enrique Peña Nieto, ganador del Premios Nacional de Periodismo en México, el Premio Gabriel García Márquez de Periodismo en la categoría Cobertura y el Premio Latinoamericano de Periodismo de Investigación (COLPIN), además seleccionado como uno de los 12 mejores trabajos en la Conferencia Global de Periodismo de Investigación realizada en Noruega en 2015.

Formó parte de los reporteros involucrados en los Panama Papers (ganador del premio Pulitzer) y en Paradise Papers. Durante 13 años ha impartido talleres en América Latina y en España sobre metodología de investigación periodística y acceso a la información pública. Es también profesor de la maestría de Periodismo y Asuntos Públicos en el Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE).

Sobre el taller Investigar la basura

El taller Investigar la basura tuvo lugar en el marco de la cumbre Latinoamérica Recicla y fue organizado por la FNPI- Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamerican-, la Iniciativa Regional para el Reciclaje Inclusivo (IRR) y la Alianza Latinoamericana para la Tecnología Cívica ALTEC. Contó con el apoyo del Centro Ático de la Pontificia Universidad Javeriana, que sirvió como sede de la actividad. Participaron 14 periodistas, provenientes de 11 países.

Comentarios