Relatoría del taller Periodismo narrativo: reporteo, mirada y estilo, con Leila Guerriero
  • FB
  • TW
  • YouTube
  • Instagram
15 de Junio de 2017

Relatoría del taller Periodismo narrativo: reporteo, mirada y estilo, con Leila Guerriero

El taller de periodismo narrativo tuvo lugar del 22 al 26 de mayo en Managua, en el marco de Centroamérica Cuenta.
Foto: Cortesía Centroamérica Cuenta.
Sabrina Duque, relatora

Managua, Nicaragua, del 22 al 26 de mayo de 2017

Organizadores: FNPI y Centroamérica Cuenta

Introducción

Reporteo, mirada y estilo son un trío inseparable a la hora de escribir un buen texto. Eso dice Leila Guerriero y por eso el nombre del taller que tuvo lugar del 22 al 26 de mayo en Managua, en el marco de Centroamérica Cuenta. El primer día, la maestra dijo que aspiraba a que los participantes terminaran la semana “híper conscientes de por qué las cosas funcionan o no en sus textos”. Las fallas en las transiciones. Lo que le falta al texto. “No solo darse cuenta: saber cómo solucionarlo”.

La dinámica del taller fue una combinación de horas teóricas –donde se pensaba sobre cuestiones relacionadas con la mirada, el estilo y el reporteo- y horas de análisis de los textos producidos a diario por los asistentes, donde se revisaban estructuras, pertinencia de descripciones, cómo incluir los datos duros en la prosa, contextos. Hubo además reflexiones sobre el oficio y muchas preguntas sobre la carpintería de perfiles escritos por Leila Guerriero.

Se leyó mucho y se escribió mucho. Cada asistente escribió por lo menos diez mil caracteres durante esos cinco días. Participaron dieciséis periodistas de diez países: México, El Salvador, Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Chile, Guatemala, Costa Rica y Nicaragua.

Los periodistas estaban listos para escribir pero varios dijeron que era difícil enfrentarse a las críticas de sus textos en público. Querían, todos, terminar el taller sabiendo cómo escribir un mejor relato, pero no sabían bien por dónde empezar a ajustar la mirada sobre el trabajo propio.

En el último día, el círculo se cerró con las ideas expuestas el primer día: el secreto de escribir bien está en un reporteo exhaustivo y exagerado. Y hace falta mirar bien para reportar y escribir mejor.  

El reporteo

Siempre se sale a hacer un perfil o a escribir una crónica con una idea definida. No se sale a reportear sin un tema. Esto no significa que lleguemos frente al personaje con la intención de confirmar un prejuicio.

La primera etapa es leer todo lo que se pueda encontrar sobre el personaje o tema. También hay que apoyarse en los periodistas especializados, para elaborar un mapa de entrevistados y para confrontar los resultados de nuestro trabajo con la mirada de quien lleva años cubriendo la fuente.

Reporteo, mirada y escritura están interconectados entre sí. No se puede ver el uno sin la otra.

Todo periodismo empieza por el reporteo. Esto empieza con el cronista haciéndose las preguntas correctas: sobre los testimonios que necesita, las personas para entrevistar. Y, antes de eso:¿cuál es la historia que tengo que contar? “Descubrir el qué estás contando es el fondo, es lo más complicado. Eso uno sólo lo descubre al final del reporteo”, dijo Guerriero.

Para que el reporteo sea sólido, tiene que ser sobreactuado. El exceso de reporteo, exagerado  -que siempre hay que hacer- es el que lleva a tener 10 veces más material y complica más el trabajo de selección. De las 104 de desgrabaciones y 400 kilos de documentos, el autor debe descubrir el "qué" universal del texto.

La mirada

La construcción del texto tiene tres momentos: reportero, selección y escritura. El momento de la selección se complica la vida: si el reporteo fue bien hecho, hay un 70% de material de más. Pero si se sabe lo que se va a contar, si hay una mirada clara, esa mirada es como un imán que atrae lo útil y repele lo que no se necesita.

“Los textos que como lectora más me conmueven o me convocan, son los textos que me dejan con más dudas que respuestas. El autor fue libre de pensar, ser políticamente incorrecto, y eso a mí como lectora me hace más libre”.

El reporteo es ir estando cada vez más despierto. A medida que avanza, el periodista abre los ojos y afina la mirada.

La mirada es muy importante en el reporteo. Pero a veces se necesita una mirada más trabajada previamente. A la vez, en el reporteo se va sacando la niebla de los ojos: el periodista va con una mirada apoyada en las cosas que sabe previamente. Pero si lo hace bien, irá con la actitud flexible como para que el reporteo le sirva de iluminación.

El estilo

Es un poco inevitable copiarse a sí mismo. Ya Cabrera Infante dijo que el estilo no es otra cosa que el descubrimiento del autor de su propia frontera.

Hay que tener control sobre el lenguaje. La única forma de lograrlo es leer mucho. Ficción, no ficción, historia, geografía. Buscar en la prosa recursos que no se aprenden leyendo el periódico. Aprender de la poesía la economía de recursos, alimentar el oído para luego desarrollar una voz propia.

Al estilo unos llegan pronto y otros están en desarrollo todo el tiempo. “Hay un ejercicio precioso sobre el estilo: es escribir un texto y que nadie lo firme. Y que se adivine. Cuando hay una voz muy reconocible se nota”, dijo la maestra. “Es complicado llegar. Y si uno es capaz de encontrar el estilo de alguien, es porque ese alguien se repite. Es un equilibrio complicado”.

Las lecciones del taller, en una lista

  1. Decidir de lo que trata lo que están escribiendo. Cuál es el río de la historia y cuáles sus afluentes. Si van a hacer un perfil sobre un coleccionista de orquídeas, la historia no es sobre un coleccionista, es sobre una obsesión.
  2. Sean dueños del material. Serlo les permite tener una voz autorizada para escribir.
  3. Sean imaginativos.
  4. No vayan a la realidad a confirmar un prejuicio.
  5. Pueden tener o no una idea de conjunto antes de poner la primera palabra de su texto. No dejen que eso los bloquee.
  6. Conozcan el medio con el que trabajan.
  7. Incluyan todos los estadios de la historia. Vayan de A a B y de ahí a C. Si van de A a C, sin pasar por B, el lector no entenderá.
  8. Una cosa es tener estilo barroco y otra cosa es ser complicado.
  9. Sean sencillos pero no sean imples. No sean ‘pedagogistas’.
  10. Eviten los eufemismos, las frases hechas y los lugares comunes.
  11. No usen segundas palabras. Escriban ‘dijo’, no ‘acotó’, ‘confesó’ o ‘deslizó’. Escriban ‘miró’, no ‘vislumbró’.
  12. Lean los textos en voz alta. Así escucharán el ritmo y detectarán problemas en la redacción.
  13. Lean poesía. Alimenten el oído.
  14. Ustedes no le importan a nadie, son periodistas. No son los protagonistas. El estilo no puede estar delante de lo que van a contar.
  15. No basta tener varias voces. Hay que tener conjuntos. Si están varias voces de las víctimas y ninguna de los victimarios, lo hicieron mal.
  16. No se olviden de las cinco preguntas –qué, quién, cómo, cuándo, dónde y por qué- tienen que estar respondidas en el texto.
  17. Cuidado con la introducción de datos duros. Hagan  que les importen al lector, que no pasen por ellos como evitándolos.  
  18. No aseveren, demuestren. No digan X es un mentiroso, demuéstrenlo.
  19. Adecuen el rimo del lenguaje. Las atmósferas. Escriban un texto adecuado en forma al contenido.
  20. Tengan cuidado con las concordancias verbales.
  21. Antes de terminar y entregar respondan una serie de preguntas sobre el texto (A continuación).
  22. Tengan en cuenta que el principio de un texto condiciona toda la estructura. Si arrancan en presente van a tener que ir al pasado y viceversa.
  23. Tengan mucho cuidado con los conectores. Usar ‘Sin embargo’, ‘A pesar de’, es una salida fácil.
  24. Tengan en cuenta el tema de la presentación de los personajes. Cuando el protagonista aparece la primera vez, tiene que ser importante.
  25. Tengan en cuenta que las descripciones de los sitios no son inventarios de las cosas que están acá. La sala es mucho más que los manteles.
  26. Repasen todo el tiempo los  renglones con los que propusieron la historia.

Las preguntas para hacerle al texto antes de entregarlo al editor

-¿El texto dice lo que uno esperaba que dijera? ¿Cumple con la consigna? ¿Responde a la pregunta?

-¿Arranca de la mejor manera posible?

-¿Están todas las fuentes que tienen que estar? Si es una historia sobre victimarios, ¿están las víctimas? Si es una denuncia sobre una situación, ¿están los denunciados? Es decir: ¿cumple con las reglas básicas del periodismo?

-¿Se entiende el contexto?

-¿El comienzo está bien? ¿Hace justicia al texto?

-¿Hay problemas de estructura? ¿Está la información necesaria?

-¿Las fechas son correctas? ¿Las fuentes fueron citadas?

-¿La cronología tiene datos inentendibles? ¿Va de A a B?

-¿Hay escenas estáticas intercaladas con otra de acción?

-¿Es un texto eficaz? ¿No tiene mesetas insufribles?

-¿Hay descripciones físicas de las personas que intervienen? ¿Es necesario que haya descripciones físicas de toda la gente que interviene?

-¿Tiene los datos duros necesario? No se pueden obviar. Por ejemplo, no se puede escribir sobre un país obviando la historia.

-¿Hay momentos de silencio? El texto no puede gritar todo el tiempo.

-¿Hay equilibrio de voces y opiniones?

-¿Hay palabras innecesarias, tics, errores de sintaxis, faltas de ortografía?

-¿Hay lugares comunes?

-¿Nos esforzamos por darle a cada frase el mejor tratamiento posible?

-¿Tiene exceso de estilo?

-¿Está bien hecha la presentación de los personales

-¿Se recarga en los aspectos hostiles del personaje?

-¿Es un texto con mirada interesante o prejuicioso? Por ejemplo, si es un texto sobre un político que nos cae mal, hay que verlo sin prejuicios, no escribir un perfil opinado. Que la realidad, que los hechos, se encarguen de retratarlo.

-Si es un perfil, ¿se entienden los motivos del protagonista? ¿Es un equivalente a una radiografía de su mundo interno?

Sobre la ética

Leila Guerriero cree que bastan tres preguntas para desnudar las mentiras de cualquier texto. Pero no está sólo en los editores atajar esas mentiras. Son los autores quienes deben entender que los límites del periodismo narrativo están claros desde el nombre: periodismo. Manipular al lector para hacerle creer algo que no es verdad, sólo es válido si es ficción. Inventar en un texto terminará por aniquilar la carrera de un periodista.

Si el autor está especulando sobre el pensamiento de un perfilado, eso debe quedar claro en el texto. Es la voz del narrador, del periodista, al hacer una conjetura sobre una situación, es explícito. El punto es no inventar, esa es la frontera.

Creer que los escritores de ficción no hacen investigación para hacer sus novelas es una ingenuidad. "Pero nosotros hacemos periodismo: es fatal manipular al lector".

Al escribir, el periodista está confiando en la memoria de distintas personas. Sabe que las memorias son máquinas de editar. ¿Cuál es el sentido de que haya tantas voces corales en los perfiles? Iluminar la realidad, que las voces principales tengan un contrapunto. Que el lector entienda que el autor hace lo posible por llegar al fondo.

Si se está el tiempo necesario en una reportería, se puede reconstruir.

En el periodismo narrativo se puede decir "esto no lo puedo averiguar, no sé, no encontré ninguna carta". Buscar la sutileza no quiere decir buscar el invento.

Sobre la edición

Durante los cinco días del taller, Leila Guerriero editó todos los textos de los asistentes. Cada día los participantes presentaron un texto breve, de 2000 caracteres, sobre una consigna dada por la maestra: las tardes de domingo, la violencia, Managua, la pérdida; el quinto día, una serie de opciones para escoger.

Con el texto proyectado sobre la pared, y después de escuchar las opiniones de los participantes sobre él, Guerriero editaba en voz alta. En el primer ejercicio –escribir sobre las tardes de domingo- sólo un participante acertó en la consigna. Hubo textos sobre recordar el sábado en las tardes de domingo, sobre la pérdida de la figura paterna, sobre partidos de fútbol de aficionados. Pero el domingo no pasaba de una mención, una palabra descolgada.

En ese primer ejercicio, se notó falta de orden en el texto, de estructura, de lógica. Los lugares comunes abundaban, igual que el exceso de palabras rebuscadas. “Siento que a veces creen que por transformar la frase en una frase enrevesada piensan que es más interesante. El texto se siente muy rebuscado en el fraseo, por momentos siento que intenta ser gracioso… y no resulta”, dijo Guerriero al final de ese primer bloque de lecturas.

Con el paso de los días del taller, los participantes comenzaron a encontrar los lugares comunes, a criticar las estructuras y a mejorar sus textos. Al quinto día, las estructuras no eran confusas, los lugares comunes habían disminuído y la mayoría de textos había acertado en la consigna. “En los textos de hoy se notó más limpieza de prosa, más organización. Muy pocos textos no estaban contando lo que querían contar, como pasó el primer día, cuando casi nadie contó sobre las tardes de domingo”.

Al quinto día, los participantes habían tenido que escoger entre una serie de consignas propuestas por la maestra. Todos eran temas personales. Y eran una lección de cuán importante es una buena reportería. “Cuanto más uno es dueño del material, la información se organiza mejor en la cabeza y los recursos narrativos fluyen mejor. En la rigidez al escribir hay una inseguridad que impide que los recursos narrativos funcionen”.

La maestra

Leila Guerriero comenzó su carrera periodística en 1991, en la revista Página/30. Desde entonces sus textos han aparecido en La Nación y Rolling Stone, de Argentina; El País y Vanity Fair, de España; El Malpensante y SoHo, de Colombia; Gatopardo y El Universal, de México; Etiqueta Negra, de Perú; Paula y El Mercurio, de Chile; Granta, del Reino Unido; Lettre Internationale, de Alemania y Rumanía; L´Internazionale, de Italia, entre otros medios. Es editora para el Cono Sur de la revista mexicana Gatopardo. En 2005 publicó el libro Los suicidas del fin del mundo (Tusquets Argentina y España), traducido al portugués y el italiano. En 2009, publicó una recopilación de crónicas titulada Frutos extraños (Aguilar Colombia y Argentina) que, en 2012, editó Alfaguara en España. En 2010 su texto El rastro en los huesos, publicado en El País Semanal y Gatopardo, recibió el premio Cemex-FNPI. En 2013, publicó Plano americano (Ediciones Universidad Diego Portales, Chile), que reúne veintún perfiles de personalidades de la cultura de España y Latinoamérica. Su trabajo ha formado parte de antologías como Mejor que ficción (Anagrama, 2012) y Antología de crónica latinoamericana actual (Alfaguara, 2012). Desde enero de 2014 es columnista de la última página del diario El País, de España. En el año 2014 recibió un premio Konex en la categoría Crónica y testimonio. Desde 2016 dirige la Especialización en Periodismo de la Fundación Tomás Eloy Martínez, de Buenos Aires.

El taller

El taller se llevó a cabo del 22 al 26 de mayo en Managua, Nicaragua, en el marco de Centroamérica Cuenta, constituido desde 2012 en el evento literario más relevante de la región y organizado por Sergio Ramírez, miembro del Consejo Rector de la FNPI. Los aliados del taller fueron la Cooperación Suiza para el Desarrollo (Cosude), Movistar y Agri-Corp.

Comentarios