Revista Late: historias de lejos para entender lo de cerca
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24 de Julio de 2017

Revista Late: historias de lejos para entender lo de cerca

Luego de conocerse en el Festival Gabo 2016, seis experimentados reporteros decidieron crear una red de periodistas narrativos freelance de América Latina. Hablamos con una de sus fundadoras en El Otro 2017.
Desireé Esquivel/SembraMedia
Fabiola Torres

Seis experimentados reporteros latinoamericanos se han propuesto crear la más grande red de periodistas narrativos freelance de América Latina. En marzo de 2017 dieron su primer paso: lanzaron Late, una revista digital que apuesta por historias de largo aliento y formatos multimedia desarrollados por periodistas independientes de todo el mundo. Es uno de los primeros medios regionales con un perfil muy de estos tiempos: funciona en línea, sin oficina de redacción y explora distintas formas de financiamiento.

Sus fundadores son los periodistas Daniel Wizenberg (Argentina), Yasna Mussa (Chile), Eel María Angulo y Giovanni Jaramillo (Colombia),  Mónica Rivero (Cuba),  Diego Cazar Baquero (Ecuador) y Alejandro Saldívar (México), quienes se reúnen por Skype cada semana para hacer Late.  

Una de sus estrategias de financiamiento, acogida con mucho entusiasmo por sus colegas, es su servicio Late Aloja, bautizado como el “Airbnb para el periodismo”. Los miembros de la red ofrecen alojamiento a periodistas freelance de la región que se encuentran de viaje con el propósito de realizar alguna cobertura.

Conversamos sobre el proyecto con Yasna Mussa,  periodista chilena que integra su consejo editorial, quien participó en El Otro: Encuentro Latinoamericano de Periodismo Emprendedor e Innovador, desarrollado del 13 al 15 de julio en Lima.

En marzo del 2017 salió la revista Late ¿Cómo surgió todo?

De una lluvia de ideas de seis periodistas latinoamericanos. Durante el Festival Gabriel García Márquez de Periodismo 2016, Daniel Wizenberg, de Argentina, y Diego Cazar, de Ecuador, se conocieron y se salieron con una inyección de energía y ganas de hacer un proyecto latinoamericano. Comenzaron a contactar a distintos colegas amigos que estuvieran por el continente y se comunicaron conmigo a través de Facebook. Tenía la suerte de conocerlos a ambos desde antes. El 17 de octubre de 2016 tuvimos nuestra primera reunión por Internet y fue un éxito: definimos qué queríamos y con qué soñábamos. Nos dimos cuenta de que podíamos trabajar bien, conectamos y sintonizamos. Desde entonces, tenemos reuniones una vez a la semana por Skype, con todas las dificultades que esto conlleva, como el tema de los horarios.

¿Qué países ya están involucrados?

México, Colombia, Cuba, Ecuador, Chile y Argentina. Una de las dificultades es que en Cuba no se permite Skype. Mónica Rivero, de Cuba, se conecta con nosotros por Facebook para ponerla al tanto de todas las reuniones. Desde que nos reunimos todos en Bogotá, como si fuera una cita a ciegas, nos dimos cuenta que conectamos bien para hacer el proyecto. Vivimos juntos una semana en un Airbnb para trabajar. Fue todo así, experimentar y ver qué pasaba.

¿Por qué Late? ¿Qué significa el nombre para ustedes?

Buscamos una palabra común para toda América Latina y no la encontramos. Pensamos en frutas, verduras, cosas que pudieran ser un símbolo y en todos los países se decía distinto. Late es la unión de las palabras Latinoamérica escribe. Además, nos gustó cómo sonaba Late, como algo latiendo, como un latido. Por eso, empezamos el video promocional diciendo: “nos late lo de lejos para entender lo de cerca. Son las historias latiendo en toda Latinoamérica”.

¿Hay algún referente del que se inspiraron para crear Late?

A diferencia de Estados Unidos o Europa, donde los periodistas se han aliado y han creado distintas plataformas donde se ayudan para la cobertura de historias que implican viajes, en Latinoamérica todavía esto parece nuevo. Es porque hay mayor dificultad para viajar, necesitamos más visas para movernos y es mucho más costoso.

Entonces, vimos dos cosas: por un lado, queríamos hacer una revista para contar las historias que creemos que deben ser contadas desde el mismo lugar donde ocurren y con el tiempo necesario para hacerlo bien. Y por otro lado, crear este espacio como una comunidad pensada para los periodistas. En ambos puntos existe un nicho importante para cubrir.

Late ha escogido un modelo de ingresos que es como el Airbnb especializado para periodismo: Late Aloja.

Vimos que la mayoría de periodistas internacionales, casi todos freelance, no cuenta con el apoyo de un medio de comunicación cuando viaja, no tiene seguro, alojamiento. Su situación es precaria así que había un nicho por cubrir. Entonces, pensamos en un servicio colaborativo: corresponsales que puedan llegar donde un facilitador, también periodista, que pueda alojarlo y darle consejos para su cobertura que no te dan las páginas web para turistas.

Por ejemplo, una página turística te puede decir que en Lima, Perú, tal calle es peligrosa y te recomienda no ir por esa ruta, pero el periodista necesita ir a reportear a esa calle y muchas veces tiene que meterse donde está el peligro. El periodista requiere otro tipo de advertencias y otro tipo de contactos y aliados. Entonces, la idea es poder crear esta red de colegas facilitadores en cada país de América Latina agrupados en el servicio Late Aloja.

¿Cómo genera ingresos este servicio?

El 70% del pago es para el periodista facilitador que aloja al corresponsal y el otro 30% es para Late. La idea es que con este dinero podamos pagarle a los colaboradores, a los que mantienen la página web y que salgan ciertos ingresos de gastos que hacemos nosotros.

El periodista que usa el servicio tiene que proponer una historia que luego se publica en Late. Por ejemplo, si un periodista viaja a Venezuela como freelance para un medio en Europa, hará cinco o seis notas de las que por lo menos una debe ser para Late y que tiene que ir con el perfil de lo que nosotros publicamos.

¿Están interesados en tener más socios y sumar más países?

Sí, estamos súper interesados en que podamos tener un representante de Late en cada país de Latinoamérica. Ese es nuestro objetivo. Necesitamos a alguien que quiera asumir el desafío y eso significa sumarse a estas reuniones semanales, asumir responsabilidades, crear alianzas.

¿Qué tipo de responsabilidades?

Por ejemplo, todos los textos que se publican en Late los revisamos los seis miembros fundadores. No queremos anular las palabras locales ni las expresiones típicas de un país, pero necesitamos que los textos se entiendan en todos lados. Tenemos que corroborar datos, estar muy atentos a no abandonar la rigurosidad de la investigación y, al mismo tiempo, ser muy exigentes con la narrativa. Ahora contamos con un compañero mexicano que se acaba de sumar para ayudarnos con las redes sociales y empezado a hacer alianzas con universidades locales.

¿Por qué universidades?

Porque las universidades tienen la teoría y muchas veces los estudiantes no pueden poner en práctica lo que aprenden. Creemos que Late les da una oportunidad a chicos que nunca han viajado, que nunca han reporteado fuera de su país, de poder hacerlo. Además, en la tienda virtual se pueden vender los libros que producen las editoriales universitarias y se pueden crear paneles de conversación. Sin hacer ninguna publicidad, ya me han invitado a tres universidades en Chile.

¿Qué otras formas de generación de ingresos han contemplado?

Al comienzo pensamos que podíamos tener ingresos con suscripciones, pero todavía no hay una cultura de pago por información en América Latina. Creo que el desafío más grande es encontrar nuestro modelo. Queremos cubrir los salarios de los miembros y pagarle a los colaboradores que publican con nosotros.

La mayoría de los medios cree que te ayudan porque te publican, pero no pagan tu trabajo, tu tiempo, los riesgos que asumiste para cubrir una historia que implicó un viaje. En los primeros meses de Late, hemos publicado varios de nuestros trabajos y de amigos que decidieron voluntariamente darnos sus textos. Tenemos la suerte de contar con una red de contactos que ha ido creciendo y desde que salimos en línea todas las semanas recibimos propuestas de historias.

¿Ofrecen sus textos?

Sí, solo porque quieren que les publiquemos. A mí me da mucha vergüenza y pido perdón. Les digo que estamos en el primer periodo. La idea es que entres a Late y automáticamente te tendremos en consideración para cuando empecemos a ganar dinero. Por ahora, tenemos una tienda virtual donde vendemos libros, la mayoría escritos por los fundadores de Late.  También tenemos la escuela virtual. Cada uno de nosotros va a dictar un curso que en realidad forma un gran curso de cinco meses. Eso tiene un costo.

¿Qué caracteriza a los miembros de Late?

Todos somos muy distintos, quizá por ello conectamos, pero tenemos en común que ninguno es flojo. Desde el primer día, todos asumimos un compromiso y por eso Late está funcionando. El trabajo es equilibrado, ninguno se puede dedicar a esto al 100%. Tenemos que pagar cuentas y por eso tenemos otros trabajos. Daniel Wizenberg y yo somos freelancers, Mónica Rivero es escritora en OnCuba y Alejandro Saldívar es editor de la revista Proceso en México.

¿Cómo están distribuidos los contenidos de Late?

Decidimos dividir nuestras secciones en agua, fuego, tierra y aire. Si estamos contando de desplazados o de migración, vamos a ubicar la historia en la categoría tierra. Si vamos a hablar de guerra o de Medio Oriente, la ponemos la categoría fuego. Si son historias en el mar, las ubicamos en agua. Hemos recibido mucho material de distintos lados. Publicamos una o dos historias por semana. Tenemos una parrilla de temas cubierta para los próximos dos meses. Hemos contado historias desde México, Colombia, Venezuela, Argentina, Perú, Cuba, Palestina, Siria, Jordania, Chechenia y Francia.

Tu carrera está marcada de historias sorprendentes. Acumulas varias experiencias en tus viajes. Leí que Israel te deportó cuando quisiste cubrir la invasión de la Franja de Gaza.

Tengo origen palestino por mi familia paterna y había ingresado a Palestina en 2008. Para eso me interrogaron en Israel unas ocho horas, pero pude pasar. Tiempo después, en 2014, Israel invadió la Franja de Gaza. Yo me encontraba en Francia, súper frustrada, porque quería estar en el lugar de los hechos. Tenía lo que tenemos todos los periodistas: ansiedad. Entonces, me compré un billete y me fui a Jordania.

¿Te consideras una reportera de guerra?

No, creo que no tenía conciencia de los peligros y por eso fui sin tener seguridad. Pero sí he estudiado mucho el tema de Medio Oriente, he escrito desde la distancia y lo que me frustraba era no estar allá. He vivido en Venezuela, México y París. Desde cada uno de esos lugares he trabajado cubriendo un poco. En Francia aproveché lo cortas que son las distancias y lo fácil que es moverse para cubrir, por ejemplo, las migraciones. Pude reportear en Grecia cuando los refugiados cruzaban el Mediterráneo y ver cómo era el recorrido que hacían, en busca de refugio, por el resto de Europa. La mayor parte del tiempo he viajado sola.

Creo que lo único bueno de hacer periodismo desde lo precario es que te obliga a ser creativo, buscar alternativas y estar el doble de despierto, porque sabes que si no lo haces tú, nadie lo hará por ti.

Sobre El Otro

El Otro: Encuentro Latinoamericano de Periodismo Emprendedor e Innovador, se lleva a cabo los días 13, 14 y 15 de julio en Lima y es organizado por la FNPI-Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano y CAF- Banco de Desarrollo de América Latina, con el apoyo de SembraMedia y la Facultad de Comunicaciones de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC). Los aliados de comunicaciones de esta actividad son Clases de Periodismo y Perú 21.

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