
Hemos abierto este espacio en homenaje a Tomás Eloy Martínez para que entre todos aportemos comentarios, anécdotas o cualquier enlace que pueda servir para engrandecer la memoria de este maestro del periodismo y de la palabra.
Me ha dolido esta muerte como pocas veces. No lo conocí pero lo lei con pasión y amè más este oficio leyéndolo. Recuerdo cuando existía el Diario de Caracas y era como una cátedra permanente. Luego vinieron las novelas de Perón y Evita y sus artículos que seguía con vehemencia. Siempre le hablò a mis alumnos de él y mi mejor homenaje es recomendarles sus libros. Nunca me cansó, nunca me aburrió. Qué buen tipo!
Una pérdida gigantesca para el periodismo y la literatura. Santa Evita es una obra maestra. Reflexionaba y escribía como pocos. Ha muerto un periodista.
Tomás fue mi mejor maestro, y quien me inspiro a estudiar y ejercer periodismo desde que tome mi primera clase con el en Rutgers University. Lo recuerdo siempre con mucho cariño y respeto, y me entristece enormemente saber que ya no estara con nosotros, sobre todo en estos tiempos tan desafiantes para el periodismo.
He escrito un corto homenaje a el y a su gran legado, en ingles, en mi blog:
fonografiacollective.com/2010/02/thank-you-as-always-tomas/
Se ha ido un periodista imprescindible para comprender, desde un análisis lúcido y fundamentado, nuestra compleja idiosincracia argentina. Lo vamos a extrañar
Tomás Eloy Martínez, lo ví sólo una vez, pero lo leí cientos de veces.
Mi mayor referente con Tomás, tiene que ver con algunas definiciones y conceptos que
hoy me enamoran con este oficio: El Periodismo.
Me duele su muerte, porque ya no tendré algún lazo físico que me una a él,
me duele que ya no exista esa persona que definió tan bien, lo que es el periodismo y lo que es la vida ligada a él.
Sin Tomás, se quedan muchas historias entrañables que contar, muchos detalles que ahora sólo están, no sé en dónde, pero están.
Sufrió un cáncer que no le dejo, recibir su premio Ortega y Gasset el año pasado, sin embargo quedan cientos, miles
de lectores en el mundo para avivar sus palabras y sus textos, grandes, enormes y llenos de sentido.
Con tomás viaje, conocí la Argentina y comprendí que ese país es como una mujer,
coom Tijuana, maltratada, llena de pasión, de drama y de tango, es que las palabras nos unen, nos acercan y nos aligeran el viaje por la vida.
Las palabras de tomás, me han cambiado la vida, me han hecho amar a este oficio, que no es de artistas, un oficio, donde se combinan emociones
y pasiones al por mayor. Tomás, ya no está en este mundo, Tomás me enseñó que el periodismo está también en los detalles, en
las historias que parecen que a nadie van a importarle, pero que le cambian el mundo aunque sea a una persona,
su último libro Purgatorio, quizá fue como un sueño, lo sintió y así lo vio. Quizá Emilia, es su esposa con la que pronto se verá,
ya tendrá la oportunidad de contarle cara a cara, lo mucho que le ha extrañado, lo dificil que ha sido su vida sin Susan, su esposa,
lo triste que ha sido recorrer las calles de Estados Unidos, de Argentina, de Venezuela, de todo el mundo, para ver a Susan o a Emilia,
su protagonista en el Purgatorio, Tomás escríbeme desde el más allá, Tomás ahora si qué vas a decirle a Emilia, cuándo la veas?
Querido maestro, mentor, colega, amigo, por sobre todo amigo del alma... No soy de los que desclasifican archivos porque sí, pero quiero compartir esto. El primer e-mail que me enviaste, al día siguiente del que te eché una botella al mar de microchips cuando empezaba a investigar tu obra en lo que este año será mi tesis doctoral/tributo... y luego supe que recibías entre 100 y 200 e-mails por día (!):
"Estimado Juan Pablo:
"Me dara muchisimo gusto ayudarlo. Espero sepa comprender que los
mensajes de Internet me desbordan y no siempre puedo responderlos. Ahora
mismo estoy por comenzar una gira demencial que me tendra dos meses
fuera de mi casa. Pero hare lo que pueda para serle util.
"Afectuosamente,
"Tomas Eloy Martinez".
Un fragmento del último, cuando aún podías dictar, el 28 de diciembre de 2009:
"Querido Juan Pablo,
"En efecto, sólo pude leer tu mail cuando me lo pusiste por segunda vez. Tu relato me pareció excelente y me devolvió el perfume de los libros en Manhattan.Alguna vez tendré que escribir algo sobre el tema.
"Felicitaciones por tu tránsito al PhD. Que los dioses del 2010 te iluminen.
"Un fuerte abrazo,
"Tomás."
Guárdese en los archivos del alma, del alma eterna, de este único e irrepetible ateo... y sus dioses.
P.D. por omisión: el primer e-mail que cité: 16 de marzo de 2002.
Uno a uno fueron ingresando al salón los talleristas. Periodistas de Chile, Perú, Colombia, México, Venezuela, El Salvador y Argentina fueron tomando asiento aquel marzo de 2006 para la primera sesión con Jon Lee Anderson. Junto a Anderson quedó este periodista argentino, este señor de aspecto bueno, apacible y sencillo que inspiraba confianza a tal punto que a muchos los convenció -sin proponérselo- de que él era historiador y no inventor de historias. Llegó esa vez como uno más, sin poses, como si no perteneciera al Olimpo después de tanto hacer... Era tal su riqueza narrativa, era tal su fuerza descriptiva y su poder argumentativo que pudo convencer a muchos de que la Evita y su tiempo reales fueron los que él inventó en su Santa Evita y no los de los libros de historia.
Por él - por su artículo "El periodismo vuelve a contar historias"- soy periodista. Gracias Tomás
www.papelespublicados.blogspot.com
He sido uno de los privilegiados que lo tuvo como maestro, hace casi diez años. Recuerdo que me impresionó de entrada por esa serenidad que da la sabiduría y que pacientemente nos hizo trabajar de inmediato. Mi homenaje a uno de los mejores periodistas que he conocido.
Cuando leí Lugar común la muerte comprendí que la narración periodística era acercarse al ser humano, era sentir al otro, era indagar en la razones humanas. Leer Santa Evita fue reconocer las infinitas posibilidades de la palabra. Lo recuerdo en Bogotá en el el encuentro para celebrar los 10 años de fnpi... su voz sonó como en sus, sus libros ahora nos traen su voz. Gracias maestro.
Cuando leí Lugar común la muerte comprendí que la narración periodística era acercarse al ser humano, era sentir al otro, era indagar en las razones humanas. Leer Santa Evita fue reconocer las infinitas posibilidades de la palabra. Lo recuerdo en Bogotá en el encuentro para celebrar los 10 años de fnpi... su voz sonó como en sus libros, sus libros ahora nos traen su voz. Gracias maestro.
Fue el único que con propiedad y sin miedo se metió en la zona gris que existe entre la realidad y la ficción. No tuvo mayores pretensiones con su narrativa, pero en realidad es muy bueno en este oficio.
Conocí a TEM el día que la FNPI cumplió 10 años y los celebró en Bogotá. Sin incomodarse por tener que esperar las nueve intervenciones antes que la suya, lo que mostraba a todas luces su humildad, el maestro argentino subió al escenario y nos regaló a todos la lectura de un texto sobre su vida como periodista. Ese día, al final de los aplausos para TEM, me acerqué, pude estrechar su mano y pedirle que firmara el único libro que hasta entonces tenía de este magnífico narrador: "Claro, con gusto", dijo y plasmó su autógrafo en la primera página de El cantor de tangos. Me volví seguidor, fan, y quise me acompañara en mi proyecto de grado una vez leí una frase suya: "Nuestro más sincero compromiso con la historia es reescribirla".
Las buenas personas son aquellas que dejan legados, enseñanzas, memoria y TEM es una de ellas. Feliz viaje, maestro.
Enlace del discurso de Tomás Eloy Martínez al recibir el Premio Cóndor de Plata a la trayectoria, otorgado por la Asociación de Cronistas Cinematográficos de la Argentina:
www.cronistasdecine.org.ar/content/view/179/1/
Creo que fue uno de los pocos que tuve la oportunidad de leer sus textos de periodismo de manera cercana. Su enseñaza la llevo presente y me han marcado siempre el camino cierto cuando mi camino era oscuro. A pesar de su partida física, podremos seguir teniéndolo en sus inmortales obras, como los grandes que no pueden morir. Hasta siempre gran maestro, faro del buen periodismo.
Benito Jesús
Quiero compartir con ustedes el homenaje que también le queremos hacer al maestro Tomás Eloy Martínez desde la red social del Plan de Lectura y Bibliotecas de Antioquia recordando la charla sobre el libro con la inauguró la Conferencia de la IFLA del 2004 en Buenos Aires:
redbibliotecasdeantioquia.ning.com/notes/index/show.
Cómo olvidarlo si indefectiblemente està presente, como un lúcido pensador, un reportero sagaz o un escritor brillante en las clases de periodismo que dicto en la universidad. Si él ha sido un maestro, todos somos como discípulos eternos que andaremos citándolo en cada momento que sea necesario, en un salón de clase o en un archivo, en una conferencia o en la calle, donde se hacen los buenos periodistas como él.
Descansa en paz, Tomás Eloy Martínez
Nunca olvidaré nuestras discusiones en el taller que tuvimos en Santiago de Chile, sobre la labor de los editores y la extensión que debían tener las piezas de periodismo literario. Él defendía contenido y estilo sin preocuparse por el punto final, yo defendía el pragmatismo de mi oficio de editora. Tampoco olvido y, de hecho, atesoro, la hermosa dedicatoria que me escribió en sus libros. Perdimos un gran maestro y un excelente escritor.
El primer libro que leí de él se llama Santa Evita y pudo decir que hacía tiempo que un libro no me apasionaba tanto. Luego "El vuelo de la reina" un maravillos ser humano y sin duda un extraordinario periodista
¿Murió Tomás Eloy Martínez?
Cómo le gustaba convertir la realidad en ficción y trasformar la ficción en realidad; por eso desconfío bastante de su pérdida, o es un deseo quizás…
Un GRAN escritor, de esos que también tienen un GRAN corazón. Tuve la felicidad de conocerlo hace tres años atrás (un 3 de octubre), día en que me abrió las puertas de su confianza, de su estudio, y de sus libros, y me enseñó a nunca dejar de patearlas.
Le agradezco esa tarde, que nunca olvidaré, por tratarme, aunque recién nos conocíamos, como esos viejos amigos que hace mucho que no se ven.
Les comparto una pequeña reseña de su obra con extractos fieles de su palabra.
blogelclubdelaserpiente.blogspot.com/2010/02/murio-tomas-eloy-martinez.html
Discurso de Tomás Eloy Martínez en el Congreso de la lengua en Cartagena, Colombia, Marzo 2007, en un homenaje a Gabriel García Márquez. Habla de la relación entre TEM y GGM y de Cien años de soledad. www.fnpi.org/homenaje-a-tomas-eloy-martinez/
Discurso de Tomás Eloy Martínez en el Congreso de la lengua en Cartagena, Colombia, Marzo 2007, en un homenaje a Gabriel García Márquez. Habla de la relación entre TEM y GGM y de Cien años de soledad. congresosdelalengua.es/cartagena/inauguracion/martinez_t_e.htm
Nunca lo conocí, pero me enseñó muchísimo sobre periodismo y el arte de contar historias.
El expresaba que el periodista es gente que le dice a la gente lo que le pasa a la gente. ¡Excepcional definición!
El reía al recordar a su madre decir a sus hermanas: "vamos a misa a rezar por el alma de Tomás que está perdida" Se equivocó su progenitora: el ya está en el paraíso de los genios.
El legado que dejó Tomás Eloy Martínez tiene que servirnos de faro para el ejercicio periodístico, que como él lo sugiere, se está perdiendo en medio de los afanes del mercadeo.
Los periodistas venezolanos tuvimos el honor de saber de sus cualidades profesionales, cuando junto a otros ilustres, fundó El Diario de Caracas y que por espacio de 7 años desarrolló.
Mis respetos aquí y allá.
La música de las palabras www.lagaceta.com.ar/nota/363279/Informaci%C3%B3n%20General/musica_palabras.html
La congoja que nos embarga por su desaparición terrenal se alivia, un poco, con la posibilidad de tener siempre a mano su inmmenso legado como escritor y periodista.
Para muchos de quienes ejercemos el periodismo, Tomás Eloy Martínez fue uno de los maestros indiscutidos del oficio. La frontera con la literatura siempre parecía un tanto difusa en sus crónicas y relatos. Tanto es así, que no es sencillo pensar algo que esté a la altura de un texto que le pueda rendir el homenaje debido.
Por esto es que me limito a compartir un texto que el propio Tomás respondió a una pregunta que le formulé hace unos años. Estaba iniciándome en el periodismo y las comunicaciones cuando, algo confundido por las distintas líneas de enseñanza, decidí escribir a su dirección de email en la universidad estadounidense Rutgers, ubicada en New Jersey.
Las críticas que recibía eran acerca de que deslizaba "demasiados toques literarios" para la redacción necesitada para una crónica. Por otra parte, no faltaba quien reclamara mas "poesía" a la nota antes editada. Algo frustrado por no terminar de encontrar mi estilo, fue como resolví acudir a uno mis maestros inspiradores. Esta fue su respuesta por email que llegó a mi correo un sábado por la tarde.
Estimado Emiliano:
Muchas gracias por tu mensaje. Entiendo tus dudas. Escribir periodismo, como sabés, es muy distinto de escribir literatura. El periodismo exige ajustarse a los hechos. La literatura te permite ser libre. La contención, la sobriedad siempre son útiles, sin que los textos pierdan por eso emoción y vida. No hay un estilo mejor que otro. Y todas las imposiciones para que escribas de esta u otra manera son actos de autoritarismo que te forzarán a traicionarte. El mejor estilo (o el que más conviene a tu modo de expresarte) es el que nace de vos. Sos lo que escribís. Hace más de tres siglos, un retórico francés, Boileau, dijo con eficacia: El estilo es el hombre. Si sos fiel a lo que sos, lo que escribas te va a hacer feliz. No sé si algo de esto te sirve.
Un abrazo,
Tomás
Yo había redactado el email la noche anterior. Grande fue mi sorpresa al ver que el (luego) ganador del Premio Ortega y Gasset, me asistía a mi congoja literaria. La humildad de los grandes, como se la suele llamar, hizo que jamás olvidara esa sentencia, breve pero arrolladora: "Sos lo que escribís". Y nunca más dudé de mí. Por esto es que, Tomás: sí, mucho de eso me sirvió. Gracias.
Publicado en mi blog periodístico político-cultural junto a otra imagen que también comparti allí: www.cynega.com/2010/02/muri-toms-eloy-martnez.html
Homenaje.
Para Tomás Eloy Martínez (1934-2010). In memoriam
Todo -salvo la muerte- puede ser corregido
las dinastías restauradas
los sistemas repuestos en sus sitios
las ciudades derruidas
Los desechos de vida zurcidos en colores
por sucesivas primaveras
La muerte sola -es su meollo-
está exenta de cambio
Emily Dickinson 749
Boris Muñoz
Hay noticias esperadas y previsibles, pero igualmente devastadoras. Son como rayos que perforan hasta la raíz de nuestra existencia dejando un agujero calcinado. Ese es el efecto que me causó anoche la noticia de la muerte de mi maestro y mentor Tomás Eloy Martínez. Su cuerpo se ha ido dejando en su lugar un hueco memorioso.
Para un escritor que, entre titubeos, da sus primeros pasos no hay privilegio más grande que encontrar a un maestro que lo oriente a través del laberinto de la escritura. La pasión narrativa, el lenguaje a la vez deslumbrante y terso, intenso y cristalino, el rigor frente los hechos y un alto vuelo imaginativo, hicieron de Tomás Eloy uno de los escritores más versátiles y sólidos de la comarca latinoamericana. Esos hilos conductores han servido de coordenadas, no solo para mí, sino para muchos otros que consideran el periodismo mucho más que un oficio de notarios.
Lo conocí en un ascensor del Ateneo de Caracas, una mañana caliente de 1992 junto a Sergio Dahbar. Tomás Eloy contaba, con verdadero deleite, que el Nuevo Periodismo había comenzado en Latinoamérica cuando Gabriel García Márquez había aterrizado en Caracas como redactor de la revista Momento. Era enero de 1958 y en apenas unas semanas la dictadura de Marcos Pérez Jiménez llegaría a su fin. La estampida del tirano, dejando en su fuga una maleta llena de dólares, fue la imagen seminal que inspiró a García Márquez a escribir la magnífica novela que sería El otoño del patriarca.
Ya en aquellos días era lector voraz de las crónicas que Tomás Eloy publicaba en el semanario Domingo Hoy, pero todavía no había caído en mis manos Lugar común: la muerte. Ese pequeño libro revolucionó mi comprensión de los poderes del lenguaje para darle vuelo a la realidad, pero también para darle vuelta, trasgredirla y rebelarse contra la muerte.
Cuando llegué a Rutgers University para estudiar mi postgrado en Literatura, Tomás Eloy y Susana Rotker, su esposa, la brillante ensayista venezolana, nos cobijaron a mí y a Beatriz con un desprendimiento desinteresado e ilimitado. Fue el principio de una amistad que se volvería cotidiana y familiar. Sin reparar en que se trataba de un hombre realmente muy ocupado, lo llamaba constantemente para explayarme en largas conversaciones acerca de la más mínima tontería. Lo asediaba con preguntas sobre libros y películas, pues sabía que hablar de sus dos grandes pasiones intelectuales, no era perder el tiempo sino vivir con la palabra otra vez el placer de esos libros y esas películas. Tomás Eloy era una enciclopedia ambulante siempre dispuesta a ser consultada. Su curiosidad lo alejaba de la arrogancia para acercarlo a lo humano. Por eso, disfrutaba enormemente escuchar y contar chismes mundanos y episodios de celos y traiciones que, sospecho, trufaba después como condimento en la fabulación de los amores contrariados que abundan en sus novelas.
He sentido un poco de remordimiento por haberle regateado momentos a su escritura. Y sin embargo mirando atrás veo esos años como un periodo fascinante. Nunca olvidaré el curso de Borges que tomé con él. A pesar de que solo éramos tres estudiantes, Tomás Eloy ponía todo de él para ofrecernos a un Borges de carne y hueso que jamás encontraríamos en ningún tratado académico.
Ese periodo candoroso y feliz, llegó a un abrupto final cuando, el 27 de noviembre de 2000, un carro enloquecido arrebató a Susana de las manos de su esposo, y de este mundo. Tomás Eloy hizo grandes esfuerzos por seguir siendo el mismo de siempre. Desde tiempo atrás, había luchado contra la peste del cáncer con una entereza y un valor abrumadores. Persistió en mantener la altivez de galán de cine que lo caracterizó toda la vida. Continuó siendo el comentarista preocupado y lúcido de la realidad argentina y latinoamericana: un intelectual de primera línea, una luz intensa en medio de una borrasca en la que cada día hay menos faros. La enfermedad lo socavaba como un taladro sordo. Así que abrazó la literatura como su última tabla de salvación.
Después de enviudar, la aparición de El vuelo de la reina, novela con la que había estado a punto de naufragar durante cinco años y que terminó por ser un gran éxito de ventas, fue un gran motivo de alegría. Sus demonios, sin embargo, le exigían escribir una obra que reflejara los años más oscuros de la dictadura Argentina durante su exilio venezolano. “Escribo sobre lo que no he vivido. Por eso quiero contar cómo era la vida cotidiana de los argentinos durante la dictadura”, repetía con frecuencia. Esa obra es Purgatorio. Poco después de su publicación, me contó que se sentía muy contento por haberla terminado.
La última vez que intercambiamos correos electrónicos fue a fines de octubre o principios de noviembre. Estaba de buen ánimo y cariñoso como siempre. “El tratamiento funciona”, me dijo. “Me dicen que me llevarán a los congresos de medicina para estudiar mi caso como un fenómeno de la ciencia”, siguió bromeando. Le creí a pies juntillas. Ahora pienso que quería ahorrarme el patetismo de una despedida y estoy seguro de que sus fuerzas comenzaban a abandonarlo.
Anoche, hablando con sus hijos, sentí una inmensa alegría al saber que Purgatorio no había sido su última aventura. Como el protagonista de Invisible, la novela más reciente de Paul Auster, su amigo y colega admirado, Tomás Eloy se mantuvo en un hilo de vida escribiendo hasta el último aliento. La semana pasada, antes de una breve agonía, habría terminado el borrador de su próxima novela, El olimpo. También me enteré de que en sus días finales estuvo rodeado del amor de sus hijos mientras veía películas de Billy Wilder. Alguien me dijo: “Si todos tenemos que morir, ¿por qué no así?”.
Tomás Eloy solía decir que la ética del periodista comienza al cuidar el lenguaje con que nos expresamos, es decir, el lenguaje nos determina porque es el vehículo de nuestra interacción con el mundo, de nuestra comunicación los otros. Solo ahora que se ha ido puedo apreciar la naturaleza de esa reflexión. Puso esa prédica personal a disposición de la libertad de expresión y también de la inalienable libertad creativa e individual. Ahora nos lega una obra excepcional y perdurable, no sólo para Argentina sino para toda América Latina. El trabajo de los que quedamos en la tierra es revisarla y darle su lugar dentro de la tradición.
Lo recuerdo vivamente: era el 2002 y estábamos en la Galería Proa. Él cerraba los ojos para enfatizar la pasión con la que describía episodios de su trayectoria, de sus libros. Santa Evita, cómo olvidar el impacto de su primera lectura.
Ahora, recupero las palabras que vino a decir a Monterrey meses antes: "¿Desde dónde escribo? Escribo desde lo que soy, de lo que desconozco y no comprendo, desde lo que me afecta, es decir, desde lo que me rehace. Escribo para reconocer los desconocimientos que están ahí y ante los que no quisiera permanecer ciego. Escribo para imponerme cierta lucidez, para negarme al desconcierto. No coincido con el viejo lema de que todo texto debe suspender su aspecto referencial, por ello no quiero suspender nada, no quiero renunciar a nada que prive mi lenguaje de todos los recursos y las técnicas que ese lenguaje ha ido aprendiendo con base en el cotidiano ejercitarse y hacerse para buscarse a sí mismo. No quiero castrar ese lenguaje de la pasión investigadora que se me adhirió al pasar por el periodismo, la fiebre visual que se me contagió al escribir sobre cine.
"No quiero privarme de los sobresaltos que me transfiguran cuando oigo música, veo un tríptico de Bosh o reconozco el habla de mi infancia en los campos de Tucumán. No quiero obligar al paisaje de las teorías críticas que han movido los meridianos de la inteligencia, aquí o en otros lados; no quiero escribir lejos y fuera de la historia, argumentando que no me concierne: quiero meter las manos en ella aunque me queme. No estoy dispuesto a renunciar a nada, porque no creo que sea legítimo privarme de lo que soy, así como tampoco arrogarme dones que no tengo".
La ficción, el periodismo, eran su rebelión.
Adios al maestro, desde el plano personal, sus lecturas fueron para el modelo a seguir en el tipo de periodismo que quiero hacer y escribir. Durante años busqué sus columnas en prensa y en internet, sus libros, solo para sacir mi sed de lectura con él. Con el paso del tiempo, la edad lo vuelve a uno más selectivo en lo que se lee, y sus escritos siempre fueron mi afán. Descanse en paz, maestro.
Estudié periodismo para ser escritor. Tomé esta decisión al leer la obra de Gabriel García Márquez. Y llegué a pensar, en algún momento, que había cometido un gran error, que periodismo y literatura eran dos hermanas en constante conflicto por ganarse el amor de la escritura, su madre. Hasta que un día conocí la obra de Tomás Eloy Martínez, que se convirtió en ese tío conciliador, que logró unir a estas hermanas con un periodismo narrativo excepcional y una ficción coherente y rigurosa. Hoy viven felices en algunos libros. ¡Adiós Maestro! ¡Hasta Siempre!
expresionescronicas.wordpress.com
Su legado permanecerá inextinguible, como los grandes testimonios de la historia, para quienes convivimos con las letras, el idioma y los relatos. Muchas gracias maestro, y que este nuevo recorrido que ha emprendido acreciente su iluminación.
Su herencia seguirá palpitando en las bibliotecas, aulas de clase, y corazones de sus lectores. Maestro ejemplar, escritor brillante, periodista hasta la médula, y gran ser humano.
Tuve el privilego de leerlo en La Nación en los últimos años.- Cada vez que un artículo me impresionaba por lo bueno,con frecuencia encontraba su nombre junto al mismo.-
Qué tenía? Todo:Sensibilidad,visión,claridad,
sinceridad,cultura en abundancia,ingenio,brillo...y espíritu de maestro.
Estoy orgullosa de que nuestra Argentina haya sido su cuna y ello me da ánimo para seguir creyendo que esta tierra continará dando luces al mundo.-
El maestro descansa de las vicisitudes terrenales pero estoy muy segura de que sigue su fecundo trabajo en otras moradas.-
María Magdalena Niveyro
Hasta aceptar el vacio
El 2 de febrero fui a un acto al cual no creí que tenía que presenciar porque las personas que amamos son eternas o al menos así las queremos sostener. Pero ayer viví lo inevitable. A Tomás Eloy o Tomás como lo he llamado desde que lo conocí, lo enterraron en el Parque Memorial de Pilar. Aunque la familia me recibió con mucho cariño y abrazo fraternal como si fuera una más, me quedé un tanto aislada en uno de los sillones de la sala. Me parecía que era un espacio íntimo al que no me correspondía estar pero a la vez no pude partir. Tengo un lugar de lectora amiga, de alguien que ha venido siguiendo al autor desde 1994 cuando escogí su escritura para mi tesis doctoral en la Universidad de Pittsburgh. En ese entonces mis amigos me cargaban diciendo que iba a ser la primer “martinezista”. Los amigos siempre exageran para inflarnos el ego. Dudo que haya sido la primera y sé que no seré la última.
Mientras llegaban familiares y amigo, y me iba hundiendo en la tristeza de ver abrazos de dolor para despedir a un ser amado, tuve que cambiar de registro porque Tomás se negaba a partir en la solemnidad y la pena. Quiso dejarnos con él o con lo que él más gozaba: sus libros y la buena música. Se había hecho un claro en la sala con el ataúd ya ido y disfrutamos de Mozart, Keith Jarrett y Astor Piazzolla junto al gin tonic y papas fritas, placeres que quiso compartir en un delicioso acto de amor y generosidad. En ese momento movido por el encuentro humano más que una despedida, me quedé charlando con el abuelo de Sol Ana, la hija “gringa” de Tomás y Susana Rotker, y al enterarme que era psicoanalista le pregunté al toque: “¿Cómo se sabe cuando uno hizo el duelo?” Y me dijo: “Cuando se acepta el vacío que queda”.
No sé si ese día llegará. Supongo que sí. Habrá que hacerlo. Ahora me abrazo a lo que Tomás me dejó: su amor por la vida, su pasión por la escritura, su entereza frente a la enfermedad y su sentido ético con el mundo que nos toca vivir. Si eso no merece el cielo en el que descreía… tendré que descreer.
La perdida de Tomas ha sido la perdida de un caballero de la pluma y de la vida. Su estilo y afectuosidad, su curiosidad permanente y su humildad deben dejar huellas en todos aquellos que hemos tenido el placer de poder compartir alguna charla, algun seminario o escucharlo de robado en una mesa de cafe. Es de los ejemplos que son necesarios y de los hombres de otros tiempos de los que quedan pocos.
Gracias Tomás Eloy.
Dicen que jugabas con las mentiras, tus escritos repletos de realidad y fantasía hacen un deleite perderse en los relatos.
Me hubiera gustado conocerte, verte de una manera más allá de la cultura, saberte como persona.
Ahora sólo puedo recorrer esos escritos para desde tu historia acercarme a comprender el futuro.
Un pequeño homenaje al gran Maestro:
www.lostiempos.com/lecturas/varios/varios/20100207/thor-el-maestro_56826_101618.html
Quisiera sumar el discurso que pronuncié cuando le entregaron el Premio Ñ a la Trayectoria Cultural.
weblogs.clarin.com/revistaenie-enminuscula/archives/2009/10/jugando_a_ser_como_mi_papa.html
Dicen en unos bosques del norte de la India que, cuando un árbol se desploma en el piso, otro nace en ese mismo instante. Me pregunto, pues, si algunos de los miles de estudiantes de periodismo en Iberoamérica y el resto del mundo, con su I-Pod, netbook y google news; si esos jóvenes faltos de espíritu crítico, originalidad y visión son capaces, quizá, alguno, de compensar la muerte de Tomás Eloy Martínez. Qué pena. La máxima india se desploma: cada vez que se nos muere un maestro, el periodismo clásico se aproxima a su final un poco más. Aprendices hemos quedado muchos, claro que sí, y podemos enseñar su definición de periodismo. Pero imagino que, en 20 años, los novatos buscarán información de Tomás no más allá de wikipedia, o la enciclopedia de ceros y unos que vaya a existir entonces. Perdónanos, Tomás, por no poder evitarlo, pero tú no eres responsable. Descansa en paz, haz hecho tu trabajo. Y como nadie.
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