
Es periodista especializado en medios digitales, convergencia y ciberculturas. Ha participado en planificación, diseño y gestión editorial de medios online. Su labor está enfocada en la producción de contenidos para medios digitales y la creación de audiencia. Es profesor en el Colegio Universitario de Periodismo en Argentina y Editor ejecutivo de Negocios Digitales en La Voz del Interior.
Los periodistas del futuro seguirán contando historias, pero lo harán de manera colectiva: valiéndose del aporte de usuarios interesados o especializados. Y además, reflejarán los acontecimientos de los barrios o comunidades. Pero sobre todas las cosas, deberán ofrecer una experiencia de inmersión total en la realidad.
La reflexión de Juanita León (Colombia) sobre el futuro del periodismo, en Calidad periodística 2.0, pistas para reinventar el periodismo en la era digital, apunta al corazón de la crisis actual de la prensa y señala un desafío: el periodismo, para ser relevante en el futuro, deberá volver a ser social. En el ciberespacio (que es al mismo tiempo un lugar y una experiencia), ello supone para medios y periodistas:
Este programa de 6 pasos se sintetiza en dos neologismos, tan habituales en los discursos sobre periodismo y tecnología cuando se intenta buscar soluciones a la crisis de la prensa: crowdsourcing y periodismo hiperlocal, que a juzgar por el volumen de búsquedas en Google vienen generando interés creciente en los últimos meses.
El crowdsourcing (más en Wikipedia) se vincula con la aplicación de los principios de código abierto que se utilizan en el desarrollo de software a otros campos de la información y el conocimiento: los ciudadanos colaboran con los periodistas en tareas de recolección, selección o análisis de la información.
El periodismo hiperlocal refiere al desarrollo de sitios o estrategias de contenidos que enfocan la mirada periodística hacia la unidad mínima de cobertura territorial: el barrio o la ciudad. Se trata de sitios con menor control jerárquico, que apelan a la producción de contenidos de los vecinos, y que apuntan a audiencias más pequeñas.
Les propongo repasar ahora algunas lecciones que nos dejan experiencias periodísticas de crowdsourcing y sitios hiperlocales desarrollados en Estados Unidos, Europa y América Latina. ¿Conoces otra experiencia exitosa en tu ciudad? Cuéntanos en los comentarios.
Crowdsourcing
1. Gastos del Parlamento británico.Quizás el más exitoso e impresionante experimento, lanzado por el británico The Guardian, que consiguió la participación de más de 20.000 voluntarios para examinar los documentos del mayor escándalo político del año: los gastos de los miembros del Parlamento (MP).
Claves:interfaz muy sencilla, divertida de usar, un gran desarrollo tecnológico aplicado a un tema de gran impacto público. Y servidores que respondieron bien ante un aumento de la participación. Más en Nieman Journalism Lab (en inglés)
2. Las finanzas de Tony Blair. Una experiencia de finales de 2009, también del diario londinense, que convocó a los usuarios (especialmente a los expertos en finanzas) a que le ayudaran a explicar la compleja arquitectura legal y financiera que permitía al ex primer ministro británico mantener fuera de la luz pública su fortuna personal. El diario lanzó a través de su sitio web un concurso, y ofreció los documentos que había conseguido.
Claves: la utilización de un simple formulario abierto de Google Docs, el premio al ganador del concurso como reconocimiento simbólico y el olfato para entregarlo al público.
3. Trafigura. La compañía petrolera británica intentó impedir que The Guardian informara sobre algunos procedimientos parlamentarios que involucraban a la firma, en particular un reporte legislativo sobre desechos tóxicos arrojados por la firma en Costa de Marfil. Pero una campaña espontánea de los usuarios a través de la red de microblogging Twitter lo impidió.
Clave: la audiencia como aliada en la defensa del derecho de los medios a informar sobre asuntos públicos y el de los ciudadanos a recibir información de calidad.
4. NowPublic. Un sitio canadiense de noticias generadas por los usuarios, fundado por Michael Tippett, Leonard Brody y Michael Meyers en 2005. Cubre unas 5.500 ciudades en 160 países, y es considerado uno de los más grandes sitios de noticias ciudadanas. La empresa fue comprada por Examiner.com en setiembre de 2009, con capitales de una compañía de inversiones estadounidense. La revista Time designó al sitio como uno de los mejores de 2007, indica Wikipedia.
Hiperlocales
5. KingCrossEnvironment.com. Escrito por periodistas y ciudadanos de este barrio londinense, combina noticias de comunidad y servicios. Sin afiliación política, promueve campañas de bien público para mejorar la calidad de vida de los vecinos. Una docena de voluntarios participan del proyecto. Recibe entre 90 y 120 visitas diarias.
Clave: interés por la cobertura de temas locales, plataformas horizontales de publicación y compromiso con los ciudadanos.
6. DavisWiki. Ya lleva cinco años de funcionamiento en California. Basado en la ciudad californiana de Davis (Estados Unidos), el sitio hiperlocal se alimenta de la tecnología wiki para alojar más de 14.000 páginas, unos 3.300 usuarios editores y alrededor de 10.000 visitantes únicos por día, según cifras de octubre de 2009. El costo operativo es de dos mil dólares al año. El mayor interés de los usuarios, que motoriza el tráfico del sitio, se registra en los pequeños comercios y en las escuelas de la ciudad.
Claves: persistencia para producir el contenido inicial y haber logrado que los usuarios sientan el sitio como propio.
7. Somos Centro. Hiperlocal dedicado a cubrir las noticias más cercanas a la vida cotidiana del centro de Madrid (España), el tiempo libre, las quejas ciudadanas y un espacio destinado a los pequeños anuncios comerciales. Una estructura pequeña de seis personas que cubre las áreas de redacción, diseño, publicidad y la coordinación. El sitio está montado sobre la plataforma libre Wordpress, reseña Periodistas21.
8. Olor a mi tierra. Creado por Víctor Ruiz y Olga Rosario Avendaño en el año 2000, el sitio cubre las noticias hiperlocales del estado Oaxaca (México). Recibe unos 3.000 visitantes diarios y se ocupa de temas de derechos humanos, migración y medio ambiente, según dice Ruiz a Newsleaders. Vida cotidiana y fiestas locales también están en el centro de la agenda.
9. Día a Día. Uno de los primeros hiperlocales argentinos que apuesta para la creación de comunidades informativas: temas ciudadanos, ocio y vacaciones, música , madres, cocina y clubes deportivos. "La propuesta de las comunidades es convertirse en micromedios especializados donde los usuarios, sus contenidos y la interrelación entre ellos son la base del desarrollo, bajo la receta simplicidad+profundidad+empatía", reseña Juan Varela.
10. Últimas noticias. El sitio ecuatoriano, propiedad del grupo El Comercio, lanzó una fuerte apuesta por los reporteros ciudadanos tras su último rediseño, recuerda Christian Espinosa en Cobertura Digital. No sólo se trata de dar visibilidad a los usuarios con sus contenidos en la home del sitio, sino también de promover un fuerte cambio organizacional en el seno de la Redacción: los propios editores desde hace un año mantienen activa una cuenta en Twitter para realizar reuniones de tapa 2.0, con la participación de los usuarios.
Agregadores de noticias. La cobertura a cargo de periodistas y ciudadanos, como se ha visto en los casos mencionados arriba, es sólo una de las aristas del fenómeno hiperlocal. También están los agregadores automáticos de información como Outside.in y el ya famoso Everyblock.com, calificado como “uno de los más ambiciosos sitios hiperlocales”. Se trata de un agregador de noticias, publicaciones en blogs y bases de datos públicas, mezclado con funcionalidades de filtro geográfico. A eso se suman las fotografías de los usuarios en Flickr, los comentarios de locales comerciales y avisos de elementos perdidos y encontrados.
Una inmensa fuente de todo lo que se habla y pasa en los barrios, terreno cada vez más alejado del radar de las organizaciones periodísticas tradicionales.
Links de interés
Nueve de cada 10 latinoamericanos prefieren que los contenidos online sigan siendo gratuitos. Y la gran mayoría simplemente abandonaría aquellos sitios cerrados por una muralla de pago, ya que consideran que podrían encontrar la misma información gratuita en otros lugares. Apenas cuatro de cada 10 consideraría pagar por información online, pero bajo una condición: que sea contenido único e irreemplazable.
Esto se desprende de un reciente estudio global de Nielsen, que entrevistó a 7.000 consumidores en 52 países del mundo, incluyendo América Latina. Los datos confirman que en la era de la abundancia, la información quiere ser libre. Y que la muralla de pago que han anunciado algunos medios -como el New York Times, que prepara un mecanismo de pago para principios de 2011- enfrenta serios desafíos.
Según la encuesta, los usuarios sólo estarían dispuestos a pagar por contenidos producidos profesionalmente y, a la inversa, no pagarían por contenidos generados por otros usuarios como podcasts, videos o blogs, cuyo valor de producción es relativamente bajo. Tampoco se muestran proclives a abonar por pertenecer a una comunidad o red social. Aquí algunas conclusiones del estudio, con datos desagregados para América Latina:
1. Películas, música y videos profesionales. En la región, el 52% de los usuarios estaría dispuesto a pagar por películas, el 51% por videos profesionales y el 44% por descargas musicales. Un 37% pagaría por juegos online, mientras que apenas un 33% lo haría para escuchar música en una radio online.
2. Pocos pagarían por noticias. A la hora de pronunciarse sobre su disposición para pagar por acceder a fuentes de información online, menos de la mitad de los latinoamericanos consideraría hacerlo en diarios (40%); un índice similar para revistas (44%); noticias "puras" online (37%) y radio (30%). En la región, muy pocos usuarios aseguran haber pagado por información, con índices que van desde el 4 al 12 por ciento.
3. Los usuarios (jóvenes) quieren calidad. Llamativamente, los usuarios más jóvenes, de menos de 35 años, están más dispuestos a pagar. Eso sí, del total de consultados, 7 de cada 10 consideran que el contenido online debería ser significativamente mejor a lo que existe actualmente antes de pagar por él, en razón de que la información que producen estos sitios se ha comoditizado.
4. Suscriptores con acceso digital gratuito. Un 82% de los usuarios de la región dijo que si fuera suscriptor de darios, revistas o servicios de radio o televisión en el mundo offline, debería poder usar el contenido online de forma gratuita. Y un porcentaje similar aseguró que dejará de usar el sitio web que comience a cobrarle por el mismo contenido que ya está disponible gratuitamente en otros sitios. En caso de pagar, el 62% considera que una vez comprado, el contenido debería estar habilitado para ser copiado o compartido con otros usuarios.
5. A favor de el micropago. Mucho se discute en la industria sobre cuál sería el mejor mecanismo para cobrar por la información digital (hay varias propuestas, entre ellas una de Google). En América Latina, la mitad de los consultados por Nielsen asegura que preferiría comprar artículos unitarios a través de micropagos, antes que adherir a una suscripción completa. Lo más importante: que sea un mecanismo fácil de utilizar.
6. Victoria de la publicidad. El 47% de los encuestados está dispuesto a aceptar publicidad en el futuro para soportar el costo del contenido, especialmente los usuarios más jóvenes de entre 21 y 24 años. Sin embargo, casi el 60% de los latinoamericanos considera que publicidad y pago por contenidos son mutuamente excluyentes: creen que no debería haber publicidad en el contenido por el cual se ha pagado.
“Monetizar el contenido digital”. Es la frase del momento. La asociación de editores de diarios de Estados Unidos (NAA, por sus siglas en inglés) busca la mejor tecnología para comenzar a cobrar por algunos contenidos digitales, y pidió propuestas a 11 empresas. Entre ellas, Google.
El nuevo ecosistema que Google imagina para los diarios se sostiene en un eje principal: la web debe permanecer abierta, aunque ello no necesariamente signifique “gratis”. Abierta a los robots del buscador, para que estos puedan rastrear el contenido y ponerlo a disposición de los usuarios. Y luego, ofrecer un mecanismo de pago fácil y que sea lo menos “doloroso” posible para los usuarios.
La posición de Google es clara: el contenido en la Web puede prosperar en múltiples modelos de negocio, incluyendo el acceso a través de una suscripción, aunque advierte que “la publicidad seguirá siendo la principal fuente de ingresos para la mayoría de las noticias”, según publica en un documento de ocho páginas difundido por Nieman Journalism Lab, de la Universidad de Harvard.
Hay dos desafíos primordiales, como ya hemos señalado antes en Nodo Digital. Primero, según Google, el contenido debe ofrecer valor a los usuarios. Y en segundo lugar, es necesario crear un mecanismo de pago simple y fácil de administrar.
Modelo abierto. Antes de pagar por un contenido, los usuarios deben saber que el producto existe, dice la propuesta del buscador. Por lo tanto, defiende que los contenidos de pago se encuentren disponibles a través de las búsquedas, ofreciendo luego: a) una previsualización, b) un candado que indique acceso sólo de pago, o c) un acceso gratuito para el primer clic.
El producto: Checkout. Se trata de una plataforma de comercio electrónico desarrollada por Google que permite a los usuarios acceder a los contenidos y manejar sus suscripciones, con un único login, y a los editores combinar diferentes ofertas o paquetes de productos por un precio único; crear múltiples opciones de pago; indicar qué contenido será de pago y cuál gratuito; y un sistema de publicidad contextual relevante para los intereses de los usuarios.
La plataforma Checkout se encuentra en funcionamiento actualmente: acepta tarjetas de crédito y débito, prácticamente todas las monedas de pago y un mecanismo capaz de detectar fraudes. Y según le dijo a la NAA, el buscador planea para el futuro: simplificar la forma en que la plataforma se integra con el sitio de los proveedores de productos y un sistema de micropagos para los compradores, previsto para el futuro.
También propone a los editores la posibilidad de marcar, de manera simple, aquellos artículos de pago y gratuitos y los diferentes niveles de acceso y precios, para que los artículos aparezcan en Google News, una plataforma que los editores de diarios tradicionales detestan ya que –según alegan- reduce el tráfico y los anunciantes dirigidos a sus propios sitios, y por el que también se discute en los tribunales.
Canales de ingresos
La propuesta de Google establece tres canales para monetizar los contenidos digitales:
1) Cobro por suscripción: una suscripción mensual, o por el periodo que el usuario determine.
2) Micropagos: herramienta aún en desarrollo, que permitirá el pago por unidades individuales de contenido. Para mitigar el riesgo de no-pago, se asignarán límites de crédito en función del comportamiento previo del usuario y se podrá conectar con bases de datos de bancos para evitar fraudes. Google asegura que los micropagos no serán la fuente principal de acceso a los contenidos.
3) Sindicación de contenidos: distribución de contenido premium en sitios de terceros. Otros medios podrán republicar el contenido sindicado, en un paquete que va acompañado de publicidad del propietario del contenido original, que se cobrará por esta vía. También se podrá ofrecer la opción de micropagos, y recibir mayor tráfico de regreso al sitio original.
Condiciones. La propuesta de Google establece algunas bases del modelo de pago:
1) El modelo debe incluir una base de contenido gratuito: noticias generales cubiertas por fuentes múltiples no agregan valor suficiente para poner detrás de la muralla de pago.
2) El contenido de pago podrá incluir: artículos de investigación, que añadan un valor de producción mayor, entrevistas exclusivas, artículos de opinión, entre otras.
3) Es crítico para Google que todo el contenido sea accesible a través de buscadores, tanto los artículos gratuitos como de pago. Los usuarios necesitan encontrar los contenidos. El buscador debe saber qué nivel de acceso tiene el usuario, para permitirle entrar al artículo con un solo clic desde la página de resultados de búsqueda.
4) Si el usuario no tiene una suscripción, deberá tener acceso a una previsualización del contenido que le permita saber que el artículo es de su interés. En los resultados de búsqueda se le informará cuál es el costo de la suscripción o el micropago.
5) Los editores de contenido podrán aprovechar el primer clic gratuito para sostener su presencia en los resultados de búsqueda, a la manera actual. Esto permitirá a los usuarios acceder a un artículo individual de contenido premium antes de que se le requiera el pago. El desafío será como controlar que este contenido no sea redistribuido de otra manera para saltar el muro de pago.
Modelo de negocios. Todavía de forma provisoria, Google estima que los editores recibirán un porcentaje del dinero que los usuarios paguen, que se calculará de forma proporcional al uso de los artículos contratados por el comprador en su suscripción. El buscador, como es su política, ofrece a los diarios proveer el software y el servicio de soporte de forma gratuita, al igual que el ancho de banda necesario, pero recibirá a cambio un porcentaje de cada venta realizada a través de su sistema, de la misma manera que el sistema de iTunes y AppleStore (reciben un 30% de los ingresos por transacción).
Desde que Rupert Murdoch anunció que comenzará a cobrar por los contenidos de sus medios digitales, la industria periodística entró en ebullición. Agitando algunos fantasmas del pasado (la "canibalización" de medios), el magnate puso fecha al fin de la era de la gratuidad: 2010.
Agobiadas por la caída de la circulación y la publicidad, preocupadas por la baja rentabilidad de sus operaciones online, las empresas periodísticas de Estados Unidos y Europa parecen dispuestas a volver sobre viejas recetas del pasado, añorando los abultados márgenes de la era de la escasez.
Bien vale, en este minuto, recordar la propuesta de Chris Anderson, autor de The Long Tail, en su nuevo libro: Free: The Future of a radical price. El editor de Wired ofrece allí una visión renovada de la nueva economía digital (en otro post volveremos sobre las críticas al modelo, pero empecemos por conocerlo).
La tesis de Anderson es simple: en un contexto de abundancia, el precio de los productos tiende a caer a un valor cercano a cero, especialmente en el terreno digital, donde las tecnologías de procesamiento (transistores), almacenamiento (servidores) y conectividad (banda ancha) se vuelven cada vez más baratas.
Según el razonamiento de Anderson, si el costo marginal de producir y distribuir productos es cercano a cero, entonces todo será gratis. Ejemplos sobran: Yahoo! regala a sus usuarios de correo electrónico una capacidad ilimitada de almacenamiento. Prácticamente todo lo que Google hace es gratis. YouTube tiene espacio para todos. Y Craiglist ofrece una plataforma libre y gratuita para avisos clasificados.
"La Web es todo sobre escalas y sobre encontrar maneras de atraer a la mayor cantidad de usuarios (...), distribuyendo esos costos sobre audiencias cada vez más grandes mientras la tecnología aumenta exponencialmente su capacidad", dice Anderson en la edición 16.03 de Wired, al anticipar la publicación de su libro.
A una década de distancia, queda claro que Internet se ha convertido en un mercado altamente competitivo. Y, según Anderson, en un mercado de estas características, los precios tienden a caer por debajo del costo marginal. Es exactamente el caso de la información digital.
"Todo lo que toca las redes digitales rápidamente siente el efecto de los costos decrecientes", sostiene. Hasta aquí, nada nuevo. Lo sorprendente es la velocidad con la que está ocurriendo, particularmente en el terreno de las industrias digitales, añade.
Desde la perspectiva de los consumidores, esto cambia radicalmente las cosas. "Gratis" y "barato" hacen la diferencia en la psicología de los compradores, dice Anderson. "Es la razón por la que Google no figura en tu tarjeta de crédito. Es por eso que las modernas compañías de la web no cobran nada a sus usuarios", sostiene.
¿Cómo ganar dinero en este mercado? Aquí Anderson plantea al menos seis escenarios posibles, todos familiares. Destaco los principales:
• "Freemium". Una combinación de gratis y premium. La versión gratuita es para todo el mundo, se paga por aquello con valor añadido. En los sitios web, se sigue la regla del 10 por ciento: de todos los usuarios que pagan la versión premium, el 90% recibe la versión gratuita. La razón por la que esto funciona, dice Anderson, es que el costo de servir ese 90% es casi igual a cero. En este modelo, cobrar a un pequeño porcentaje de una vasta audiencia es mejor que hacerlo a una mayor porción de una pequeña base de usuarios.
• Publicidad. Un tercero, el anunciante, paga por alcanzar a un segmento de la audiencia, que recibe el producto, los servicios y el contenido totalmente gratuito. En este caso, la publicidad subsidia los contenidos gratuitos. ¿Ejemplos? Los anuncios de pago por clic de Google, incluidos en los resultados de búsqueda y sitios afiliados a AdSense. La publicidad personalizada en Facebook.
• Subsidios cruzados. Es gratis aquello que alienta a los consumidores a pagar por otro producto. La música gratuita, entregada como publicidad para un negocio aun más lucrativo: la compra de discos.
En un mercado de la abundancia, otras economías además de la del dinero cobran importancia. Para Anderson, estos son: la economía de la atención (cuando la información abunda, la atención de los usuarios y su tiempo se convierte en escaso) y la economía de la reputación (la capacidad de influir sobre una audiencia). Google ha demostrado esto al pelillo, logrando convertir la reputación (PageRank) en atención (tráfico) y esto en dinero (avisos contextuales).
Así están planteados los desafíos. El nuevo mundo nos presenta una limitada cantidad de atención y reputación, activos principales de la economía de la gratuidad. Una vez adquiridos, será tiempo de identificar nuevos modelos de negocio para convertirlos en dinero.
Al emprender la discusión sobre el cobro de por contenidos, es imperativo saber que una generación entera de usuarios de Internet está viviendo en el universo de la gratuidad. Es lo que quieren. Lo han tenido siempre. Hay que seducir a la nueva audiencia.
Aquí presento un modelo posible y perfectible del diario de pago ideal. Ha sido construido sobre la base de valiosos aportes de varios colegas latinoamericanos que respondieron a mi convocatoria a través de Twitter. Los invito a dejar comentarios para mejorar y ampliar el modelo entre todos.
1. Un diario personalizable. Que permita la mayor personalización posible de la información, que presente "las noticias que quiero, en el momento en el que las necesito".
2. Con criterio social. Que incorpore el criterio social de la información: que pueda compartir los contenidos que me interesan con la gente que me interesa. Que me ayude a relacionarme con otros, y a gestionar mi propia red en función de la información.
3. Que permita la mayor portabilidad: que pueda llevarlo adonde sea en mi celular, PDA o teléfono inteligente. Y que esté disponible en mis redes sociales favoritas, como Facebook o Twitter.
4. Jerarquizado e inteligente. Que sea capaz de mostrarme una portada interesante, con temas seleccionados por editores inteligentes, pero adaptada a mis intereses y contemplando mi historial de navegación (con mi autorización).
5. Un diario usable y escaneable. Que garantice la mejor experiencia de uso posible, facilitando la lectura y la publicación de los mejores contenidos, ricos y atractivos para mí. Que solucione mis necesidades de búsqueda de información.
6. Un sistema operativo de la información. Que se comporte más como un sistema operativo de la información antes que como un diario online. Que permita organizar, compartir y distribuir la información, de forma fácil y atractiva. Con actitud 2.0.
7. Confiable y transparente. Que sea un diario confiable por sobre todas las cosas. Pero también útil, transparente, honesto, audaz, provocativo. Con temas originales que no encontraría en otro lugar y enfoques únicos. Un sitio irremplazable y adictivo.
8. Que utilice el poder y las ventajas de la tecnología para ayudarme a navegar por la información. Periodismo de base de datos, mashups, visual y multimedia.
9. Necesario para las decisiones de la vida cotidiana. Que me ayude en los aspectos de la vida cotidiana útiles para mí: que sirva para ahorrar dinero, conseguir descuentos, educar a mis hijos, ser un ciudadano bien informado, elegir las mejores películas para ir al cine y organizar mi tiempo libre.
Y tú, ¿cuál consideras que sería el diario ideal por el cual cobrar a tus usuarios?
Publicaciones anteriores sobre este tema:
La información quiere ser libre
La información quiere ser libre (II)
Modelo mixto: freemium y segmentación
Alan Murray, editor ejecutivo de The Wall Street Journal online, diario propiedad de Rupert Murdoch, adelantaba en abril cuál debería ser, desde su visión, una estrategia de cobro exitoso para un diario online. Pistas para analizar el futuro de la muralla de pago.
1. El mejor modelo es una mezcla de contenido gratuito y contenido de pago. Permitir el libre acceso a secciones de interés general, como política, arte y opinión, junto a información de último momento y blogs. Pero el resto con suscripción.
2. No es posible cobrar por exclusivas. La información exclusiva no se puede mantener detrás de la muralla del pago: otros medios del segmento abierto podrán reproducirla consignando la fuente, y se quedarían con todo el tráfico. ¿Qué hubiera ocurrido, por ejemplo, cuando El País publicó las polémicas fotos de Silvio Berlusconi? De seguro, no hubiera registrado un récord histórico de visitas si los contenidos estaban cerrados.
3. Tampoco se puede cobrar por los contenidos más populares del sitio. Los artículos y funcionalidades más atractivos del sitio permiten construir tráfico que puede convertirse en mayores ingresos publicitarios.
4. El contenido de pago debe enfocarse en nichos. Hay oportunidades en el campo de las noticias financieras, pero Murray sugiere que también puede funcionar en diarios locales, por ejemplo para la cobertura de los deportes universitarios. "La gente que quiera leerlo, como los padres de estudiantes universitarios, puede estar dispuestos a pagar", dijo.
5. A mayor segmentación, mayores posibilides de cobro. El WSJ está planificando un servicio premium de información más estrecho, con una tarifa mayor, para audiencias pequeñas pero altamente especializadas. Ejemplo: la cobertura sobre temas de la industria energética.
Construyendo el sitio ideal
Pero, ¿cuál sería el sitio ideal por el cual los usuarios estarían dispuestos a pagar?. Según Jack Shafer, en un artículo en Slate de principios de año, los productos de pago exitosos comparten al menos uno de los siguientes atributos:
1) Son tan fabulosos que se convierten en irremplazables,
2) Están diseñados de forma hermosa y son extremadamente fáciles de usar, y
3) Son estupendamente confiables (authoritative, en inglés).
Algunos ejemplos ofrecidos por el autor: ConsumerReports.org, un sitio de pago que ofrece consejos de consumo sobre una amplia variedad de productos; el sitio MLB.TV, donde es posible ver las transmisiones en vivo de partidos de baseball, y el popular iTunes, sitio de Apple para comprar música y su aplicación para escritorio, entre otros.
Ciertamente, en su mayoría se trata de sitios que ofrecen aplicaciones útiles y atractivas para la vida cotidiana. Muy diferentes a nuestros actuales diarios online latinoamericanos, "formateados" en herencias de culturas anteriores y con dificultades para aprovechar las ventajas que ofrece la tecnología.
Algunas iniciativas recientes de diarios en Europa, sin embargo, parecen apuntar a la entrega de beneficios especiales a los usuarios que se suscriban a sus ediciones online/impresas.
The Guardian evalúa crear un servicio de pago, al estilo de un club de lectores, que proveerá beneficios adicionales a cambio de una cuota mensual o anual: contenido exclusivo, cobertura de eventos en vivo y la posibilidad de comunicarse con los periodistas del diario.
El también británico The Times, en tanto, está ofreciendo a sus suscriptores de la edición dominical impresa acceso a un programa de membresía, con premios y grandes beneficios en materia de entretenimiento: ingreso gratuito a museos y galerías de arte, descuentos de hasta 50% para los principales eventos, entradas a shows, descargas gratuitas, invitaciones a eventos exclusivos, actualizaciones por e-mail, entre otros.
¿La gente pagaría una suscripción online para obtenerlos? Posiblemente.
La firme y polémica iniciativa de Rupert Murdoch para instalar una muralla de pago sobre los contenidos de sus medios digitales ha despertado cierta melancolía por "los buenos viejos tiempos" en la industria periodística. Pero aún no existen pistas ciertas sobre cuál sería el diario de pago "ideal", aquel con el valor y atractivos suficientes por los cuales los usuarios estarían dispuestos a pagar.
Los argumentos de Murdoch son sólidos: "El periodismo de calidad no es barato", dijo al anunciar su estrategia de cobro para 2010. "Una industria que regala sus productos está canibalizando su capacidad de hacer buen periodismo", agregó.
Nadie podría estar en desacuerdo con estos preceptos en un mercado de las escasez. Pero las cosas han cambiado bastante en la última década, una era en la que la información quiere ser libre.
La posición del magnate de origen australiano también es comprensible si se advierte que News Corp registró una pérdida de beneficios por 3.400 millones de dólares en el último ejercicio fiscal que concluyó en junio.
Y más cuando la apuesta por sitios comunitarios, como la red social Myspace, tampoco está dando los resultados esperados (perdió 360 millones de dólares en el último trimestre y Murdoch tuvo que recortar 30% del personal).
Los riesgos de la muralla
La estrategia de pago tiene varios obstáculos por vencer:
1) Los diarios han ofrecido su contenido online gratis desde siempre: revertir esa situación sin entregar un valor añadido por el que los usuarios estén dispuestos a pagar aparece como desmedido.
2) En la era de la abundancia y de los buscadores, es virtualmente imposible cerrar los contenidos y pretender que los usuarios no vayan a buscar esa información a otra parte. Y esto sin entrar a discutir los enormes esfuerzos y recursos que habrá que destinar para defender el copyright, herido de muerte por la Red.
3) Cerrar el acceso a los sitios podría ahuyentar a los usuarios, como ocurrió en El País de España cuando instalaron la muralla de pago. Y algo aun más riesgoso: esto seguramenté reducirá la masa crítica de audiencia necesaria para sostener el modelo publicitario, el único que hasta ahora ha demostrado capacidad de rentabilización para las grandes cabeceras.
Los analistas sostienen que el único modelo posible, como ya ocurre en el Wall Street Journal (WSJ) y el Financial Times, es cobrar por contenido único y de alta calidad: ofreciendo aquello que nadie más puede dar. Pero también advierten que ello no parece posible para medios de noticias generales, cuando el contenido ya está disponible gratis en todos lados.
Conocí a Chris Anderson en octubre de 2008. Faltaban algunas semanas para la presentación oficial de Free, y el editor de Wired dio una conferencia en Santiago de Chile.
"Los diarios en papel probablemente morirán" frente a la avalancha de contenido gratuito online; "las revistas están luchando"; "las publicaciones generalistas pierden mercado", dijo.
Anderson también se refirió a los usuarios jóvenes, al señalar que para esa generación "gratis" es la norma: "Ellos entienden que los contenidos deberían ser gratis, porque saben que el costo de distribución es cero".
Claro, Anderson no vaticina la muerte del periodismo, sino la forma de distribuir periodismo en soporte papel. Esto si se asume que las empresas periodísticas no están en el negocio de vender diarios, sino en el de vender audiencia a los anunciantes.
Ya hemos hablado sobre la tesis principal de Free, según la cual se desprende que:
• La información ha dejado de ser un bien escaso que había que producir para convertirse en un commodity.
• Los diarios deberían aceptar que su contenido nunca más valdrá lo que ellos quieren, y tienen que reinventar su negocio.
• La sola mención a la palabra "gratis" crea una inmensa demanda, lo que representa un oportunidad de negocio enorme.
• Las empresas deberían ser capaces de crear mucho dinero en torno al producto que están regalando, como Google entrega sus productos gratis y cobra por la publicidad contextual.
Sin embargo, los críticos de Anderson no demoraron en recoger el guante. Entre ellos, Malcom Gladwell en The New Yorker, quien argumenta:
1) Anderson no explica cómo, a pesar de la magia del modelo de Free, YouTube, su principal caso de estudio, no logra todavía un modelo de negocio para Google.
2) La propuesta de Anderson de que los medios deberían aliarse con la audiencia para reducir el costo de producción y publicación de contenidos no ha sido suficiente para YouTube: los videos amateurs son difíciles de monetizar. Este año perderá unos US$ 470 millones, recuerda Gladwell.
3) Hay modelos de pago que sí funcionan online: el Wall Street Journal ha encontrado que más de un millón de suscriptores están felices de pagar por el privilegio de leer online.
4) En cambio, algunos modelos gratuitos están en problemas: la televisión abierta, que ha desarrollado el modelo publicitario sin cobrar a las audiencias, está en aprietos para rentabilizar sus contenidos. Pero a la televisión por cable premium le va bastante mejor con el servicio de pago.
Por último, quizás el ataque más fuerte es que, en el contexto actual, según Gladwell no es posible plantear a Free como una ley de hierro, simplemente porque la era digital ha transformado tanto la manera en que las cosas son producidas y vendidas que no es posible pensar en términos de leyes de hierro en este contexto.
Free da cuenta de un fenónemo: las empresas no sólo tratan de crear valor, sino de capturarlo y monetizarlo. Pero en la era digital, la mayor parte de la creación de nuevo valor va a los consumidores, no a los productores.
Así, en el caso de los diarios, es falso asumir tanto que "gratis" signifique "sin valor" como que "valor" implique rentabilidad, dice Virginia Postrel, en The New York Times.
Tal como rescata Rodrigo Orihuela, otra crítica provino de John Gapper, en el Financial Times, quien advierte que -pese a que el costo de la distribución digital sea menor al de la distribución física- no es completamente cierto que el costo marginal de producción se acerque a cero. Las empresas tienen costos, desde marketing hasta recursos humanos, para fabricar sus productos.
"La verdadera economía freemium es extremadamente pequeña, y muchas compañías están probando modelos de negocios sin pruebas claras de que funcionarán", dice Gapper. "Si fracasan, será difícil o imposible para ellas volver a cobrar por sus productos y servicios. Me temo que Freemium pueda convertirse en una trampa tan grande como Free", advierte.
¿Ya hemos caído en la trampa?
Más información y fuentes:
• Three kinds of Free, Chris Anderson
• To Rake it, give it away, Jeremy Philips (WSJ)
• Free vs Freely Distributed, Mark Cuban

"El verdadero desafio en alcance de la convergencia es incorporar a los publicos de los medios tradicionales con los publicos del nuevo medio". Marcelo Franco habla sobre la convergencia en el seminario "El futuro del periodismo en Internet

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