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Gabriel García Márquez y Lorenzo H. Zambrano, Presidente del Consejo de Administración y Director General de CEMEX, firmando el acta de creación del premio.

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Quinta convocatoria (2005)
Texto · Fotografía · Homenaje
 

Biografía básica de Mónica González

Mónica González Mujica
Foto Archivo Mónica González

Chile y Argentina se sometían al arbitraje británico por las islas del Canal del Beagle en 1967, luego de casi un siglo de reclamos que seguirían por una década más. Ese año Mónica González Mujica, hija de un obrero ferroviario, entra a la Escuela de Periodismo de la Universidad de Chile, y durante su época de estudiante le tocaron la nacionalización del cobre, la creación de la televisión pública y la elección de Salvador Allende como presidente. Eran los días de Chile antes de la dictadura.

Desde 1970 González Mujica fue ayudante y después profesora auxiliar de la cátedra de Periodismo Interpretativo en su universidad. Ahí estuvo hasta 1973 cuando el gobierno de Allende es tomado a la fuerza por el golpe de estado liderado por Augusto Pinochet. Para el once de septiembre de ese año, Mónica ya era periodista a jornada completa en el diario El Siglo, madre de dos niñas menores de cinco años y administraba su hogar con ayuda de Rosa, la primera a quien fueron a buscar los militares por denuncia de los vecinos: era secretaria del sindicato de asesoras del hogar de Santiago, y había exigido el cumplimiento del sueldo mínimo y vacaciones para las demás empleadas domésticas del barrio. Después volvieron por Mónica y por sus hijas, comenzó la huida y la lucha por la supervivencia que la llevó finalmente a Francia, donde estaba su pareja y era un territorio seguro.

Una vez en Europa se empleó como obrera en la Imprenta de la Municipalidad de Sarcelles, al norte de la región parisina y después fue directora del Departamento de Compras y Mercados de Sarcelles. Mientras tanto estudiaba derecho comercial y técnicas de mercados, y había convertido la cocina de su casa en un refugio al que llegaban quienes habían salido de prisión en Chile y algunos asilados. Mónica cocinaba mientras los recién llegados le relataban los últimos sucesos y de paso les servía de terapia para superar las dificultades que vivieron antes del exilio. “Entre los aromas de romero, cebolla, cilantro y echalotas fui acumulando una gran cantidad de información. Fue así como surgieron retratos hablados de torturadores, las primeras fichas con sus nombres, pistas de cárceles secretas y de cómo se organizaban en grupos de influencia para ganar posiciones y usufructuar del aparato del Estado, la corrupción. Todo ello se convertiría con los años en un gran archivo.

En 1978 el panorama se pone oscuro para Pinochet. La relación diplomática entre Estados Unidos y Chile se pone tensa por el atentado en Washington de Orlando Letelier. Gustavo Leigh, socio en el golpe de estado, manifiesta públicamente sus diferencias con el estilo del régimen. Argentina y Chile están al borde de la guerra por la disputa de las islas del Beagle. Este año regresa Mónica González, habiéndose separado de su pareja decide que ya nada la obliga a estar lejos de su país.

La prensa que encontró estaba dominada por el régimen, había censuras y silencios de los que ella no quiso participar y los espacios laborales eran muy reducidos por la crisis económica. Por eso se alejó de los medios, aunque continuó con sus investigaciones sobre la dictadura. “Y fue entonces que asumí, con dolor, que ya no sería más periodista, que mis dedos se habían vuelto crespos”.

Buscó la manera de sostener a sus dos hijas. La experiencia y conocimientos adquiridos en Francia le ayudan para trabajar como subgerente de créditos de Falabella, una empresa de artículos para el hogar. Un mes después recibe la notificación de despido –sin indemnización- apoyada en un informe de la Central Nacional de Informaciones (CNI), la policía secreta de la dictadura. Luego fue gerente del Colegio de Constructores Civiles y relacionadora pública de la Confederación de Colegios Profesionales, pero debe abandonar ambos empleos cuando el régimen transforma a los colegios profesionales en asociaciones gremiales voluntarias, eliminando la principal fuente de ingresos que era la mensualidad de los afiliados. Después entra al Instituto Chileno Norteamérica de Cultura como profesora de expresión oral y redacción, y luego fue Directora de Comunicaciones hasta que la CNI envía un nuevo informe en busca de su despido, diciendo “que yo era comunista y un elemento peligroso. No vi el informe, pero eso fue lo que me dijeron.” Y otra vez se fue sin indemnización. Edwin Harrington, periodista chileno y quien había sido su jefe durante la Unidad Popular, el que la convenció de que lo suyo era el periodismo, que no podía seguir dándole la espalda, que debía dejar las pesquisas y notas clandestinas, como las del diario La María, que se repartía en las poblaciones y ella diagramaba y reproducía.

Harrington acababa de ser nombrado director de la nueva revista Cauce. Era 1983 con los ruidos de las primeras protestas y González aceptó con miedo el desafío de desencrespar sus dedos, de volver a aprender lo que creía haber olvidado. Una vez allí escuchó en radio que, considerando la crisis económica, se había suspendido la construcción de la casa de los presidentes en Lo Curro, un barrio de estrato alto de Santiago. El anuncio estaba en voz del coronel Roberto Guillard, a quien Mónica y varios chilenos lo habían oído mentir en diferentes ocasiones y no creyeron que esta fuera la excepción. Esta sospecha fue el germen del primer reportaje que escribió después del regreso al periodismo y que respaldó con una cuidadosa investigación, en la que describía la ostentación del edificio. El tema despertó el interés de la sociedad y se convirtió en escándalo, reflejado en la venta de miles de ejemplares de Cauce y en que Pinochet se sintió lo suficientemente presionado como para no mudarse.

La casa de El Melocotón tenía una historia, parecida a la de Lo Curro, además de un prontuario de abuso de autoridad y presiones del Gobierno sobre los propietarios del terreno donde se construyó, para que vendieran por muy bajo precio sus lotes que en total ocupaban 140 mil m2, unas tres cuartas partes de la extensión del estadio Maracaná. El levantamiento de la casa también tuvo implicaciones fiscales negativas para el fisco chileno. Sin embargo, nada de eso se sabía, hasta que González Mujica hizo otro reportaje.

La investigación sobre la casa de El Melocotón se hizo en medio de un ambiente de tolerancia general de la voz institucional, bajo una fuerte intimidación de la prensa que Mónica sufrió durante la reportería, en su casa y en su trabajo. Unos días antes de salir publicado el reportaje, el Gobierno ordenó el cierre de la revista Cauce y de todos los medios de oposición. El reportaje salió en otros países y, mucho después, en Chile, con varios efectos en la sociedad y en la política.

Después de la presión por este reportaje, siguieron su encarcelamiento a causa de una entrevista que le hizo al general Gustavo Leigh, en la que condenaba el robo y la inmoralidad mostrada por Pinochet en las operaciones inmobiliarias de El Melocotón y Lo Curro. Terminó en la cárcel de varones de San Miguel, donde encontró a otras mujeres muy jóvenes que se llenaban de miedo cada noche debido a los traumas de torturas, abusos y violaciones de las que habían sido víctimas y a la posibilidad de que les volviera a ocurrir. Esta situación fue publicada en la revista Análisis, por Mónica González en otros reportajes.

En 1985 hizo un reportaje sonoro llamado Chile: entre el dolor y la esperanza, junto con Ricardo García y Patricia Verdugo. Se reintegra a la revista Análisis. En adelante comenzó una época de producción abundante y de reconocimientos. Ganó el premio anual de la Comisión de Derechos Humanos de España por su trayectoria periodística. Publica el libro Bomba en una calle de Palermo, junto a Edwin Harrington. Recibe el Louis Lyons Award de Periodismo Consciente e íntegro, entregado por la Universidad de Harvard. Se edita su segundo libro, Chile entre el sí y el no, de entrevistas realizadas en coautoría con Florencia Varas. González Mujica sigue en sus libros periodísticos, pero el centro de su trabajo son sus artículos cada semana en Análisis.

En 1987 se abren los registros electorales en Chile, en medio de gran tensión y expectativa porque era uno de los primeros pasos para el regreso de la democracia. Ese año los ojos del mundo se ponen en Chile y le prestan atención a los reportajes de Mónica González, a quien contrataron como corresponsal distintos medios como la revista Tiempo de España, el diario alemán Der Spigel, y el chileno La Época. Pero una nueva entrevista, esta vez al político de oposición Andrés Zaldívar, indigna a Pinochet y es nuevamente encarcelada en la prisión de varones de San Miguel.

La dictadura, que había costado tanto para ella y para otras personas, estaba cerca de terminar. El plebiscito de 1988, para el que se habían abierto los registros electorales, era el procedimiento legal y decisivo para votar por la permanencia o renuncia de Pinochet al poder. El general tuvo que irse el año siguiente. Un poco antes del regreso a la democracia, Mónica publica una investigación sobre la fortuna oculta de la familia Pinochet y, a los pocos días, una bomba estalla en el auto en que ella iba con su esposo justo unos minutos después de bajar.

El regreso de la democracia comenzó con la posesión de Patricio Alwyn como presidente de Chile en 1990. Ese año Mónica González es nombrada como Editora de Investigación del diario La Nación, periódico del que después es Editora General y en el que trabajó durante cuatro años, después de la publicación de Los secretos del Comando Conjunto. La democracia aumentó el agite de las redacciones y con él, llegaron las divisiones, algunos medios desaparecieron y otros tomaron un rumbo distinto.

Mónica continúa una interesante carrera periodística. De La Nación pasa a la revista Cosas en 1999, como Editora Política y luego como Editora General. Se retira de la revista y publica La conjura: los mil y un días del Golpe. En adelante trabaja para el portal Asuntospublicos.org, luego como corresponsal del diario argentino Clarín, directora de la revista Siete+7. Gana el premio María Moors Cabot y el Dan David de la Universidad de Tel Aviv. Asume la dirección del periódico Diario Siete, en el que buscó hasta junio pasado recuperar el rigor y la buena pluma que exigían los días de la dictadura. En junio el Diario Siete cerró sus páginas por falta de publicidad.


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